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Darwinismo (III) Julio 9, 2008

Posted by Manuel in ciencia, creacionismo, diseño inteligente, divulgación científica, escepticismo, evolucion, historia de la ciencia, religión.
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Este es el último artículo de esta serie, en el que pretende mostrar la posición del acercamiento ciencia/fe. En el texto, en muchas ocasiones redactado en un tono poético, se dan varías claves por las que la teoría de la evolución no contradice ningún precepto religioso.

La creación

Eduardo de Echegaray

Revista de España, 1880.

“¡No concibo ese tenaz empeño de presentar como ateísta a la teoría de Darwin, cuando su autor no lo fue, por lo menos al escribir su obra! ¡Qué importa que aquélla demuestre, por acciones puramente materiales, las transformaciones que han tenido las formas orgánicas, como la teoría de LaPlace crea mundos de casi invisibles nebulosas!. Siempre queda algo vago y misterioso, que la ciencia no puede explicar, el origen del pensamiento, secreto que el hombre lleva consigo desde que nace hasta que la tumba recibe sus pobres restos, y que todavía no ha podido descubrir.

Al que cree en un Dios, y en general al partidario del dualismo, sea cualquiera la forma que su inteligencia haya dado a esta idea, nunca le falta en los revueltos laberintos de nuestra imaginación, a semejanza de los antiguos templos de Egipto y de la India algún lugar secreto y misterioso donde colocar la imagen del Ser Supremo.

¡Triste costumbre la de todas las religiones de oponerse al desarrollo de la ciencia!¡Qué le importa al deista que el sabio le describa cómo vibra el cuerpo luminoso, cómo esta vibración se transmite a la atmósfera etérea que envuelve al universo, y cuyas ondas trasversales corren con la velocidad casi infinita hasta chocar con el ojo humano (…)!¡Qué le importa, vuelvo a repetir, que el sabio le explique paso a paso cómo la vibración se transmite de hilo en hilo, de nervio en nervio, si llegará un instante que, perdido en el maravilloso laberinto de nuestro ser, tendrá que recurrir a Dios para que le saque de él (…). Ese misterio abismo, donde se pierde el sabio, es algo, ya el Dios personal de las religiones positivas, ya el Dios panteísta que abraza dentro de sí el universo, pero algo, en fin, distinto de la grosera materia que tocan nuestras manos.

Donde la ciencia acaba, empieza la conciencia. (…) No les importe que la ciencia avance, que ellas retrocedan sin temor, sin miedo, siempre tendrán a sus espaldas espacio infinito donde moverse, y tanto más valdrán, cuanto más alto sea el pedestal sobre el cual se levanten.

Que recuerden que en lucha con la ciencia, al querer invadir el terreno de ésta, siempre fueron vencidas, más tarde o más temprano, como nos lo dice la historia, al relatar en sangrientas páginas, tan lamentables contiendas.

Por eso dijimos al principio de nuestro primer artículo: la ciencia es profana religión, que tiene a Dios por término, al universo por templo, y a la razón del hombre pequeño detalle de la suprema inteligencia, por sacerdote.

Terminada esta larga digresión, destinada a demostrar que hasta los más fanáticos religiosos pueden ser partidarios de la teoría de Darwin, sobre la transformación de las formas orgánicas, sin temor de caer en el ateísmo. (…)”.

Comentarios»

1. J.M.Hernández - Julio 9, 2008

Cuantas cosas del siglo XIX siguen siendo válidas hoy día. Quizá la concepción del universo haya variado mucho en un siglo, pero muchas actitudes humanas siguen siendo las mismas.

Saludos.

2. Manuel - Julio 9, 2008

No hay que olvidar lo que sufrió Galileo, y menos que se apropien de su sufrimiento para convertirlo en uno de sus mártines. Por ellos aún estaríamos como en la época de Ptolomeo.

Saludos

3. Enrique - Octubre 9, 2008

Ver el libro:
“Darwin ha muerto” en Bubok.

4. Manuel - Octubre 9, 2008

Enrique, efectivamente Darwin ha muerto. Y está enterrado en la abadía de Westminster, mal que le pese a muchos ;-)

5. Phosphoros - Octubre 9, 2008

Hola
Dios ha Muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros los hemos matado. ¿Como podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo de nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros? ¿Que agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de ella?

Nietzsche, La Gaya Ciencia, sección 125

Saludos.