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Harun Yahya, a la cárcel mayo 12, 2008

Posted by Manuel in ciencia, creacionismo, diseño inteligente, evolucion, religión, sociedad.
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Fuente: El PaleoFreak

El principal impulsor del creacionismo islámico, Adnan Oktar (Harun Yahya es su pseudónimo) y creador del Atlas de la Creación, ha sido condenado en Turquía a tres años de cárcel, junto con otras 17 personas, por crear una “organización con fines delictivos”. Según la acusación, las chicas de la secta captaban adeptos ricos mediante relaciones sexuales; éstas eran grabadas con cámaras ocultas y las cintas, entregadas a Oktar, se utilizaban después para amenazar y chantajear a las chicas.

Por tanto, quizá no sea muy apropiado (vamos a ser suaves) decir en un titular “la justicia turca condena a Adnan Oktar por liderar una secta contraria a Darwin” (El Periódico.com, RedAragón, el Periódico de Aragón). Como si el antidarwinismo fuera el delito.

Los chicos de Harun Yahya aseguran que existe una conspiración comunista-masónica que quiere hundirles. Una defensa algo decepcionante para quienes son capaces de culpar de las masacres de Al Qaeda al “evolucionismo”.

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De Piltdown a Australia: un fraude y una evidencia (I) mayo 12, 2008

Posted by Manuel in ciencia, creacionismo, diseño inteligente, evolucion, sociedad.
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Piltdown, Essex. Inglaterra

En 1912, Charles Dawson, un abogado y arqueólogo aficionado de Sussex, llevó varios fragmentos de cráneo a Arthur Smith Woodward, encargado del Departamento de Geología del British Museum (Historia Natural) de Londres. El primero, según él, había sido enterrado por unos trabajadores en una cantera de grava en 1908. Desde entonces había buscado entre los montones de desperdicios y había encontrado unos cuantos fragmentos más. Los huesos, desgastados y profundamente coloreados, parecían procedentes de la antigua grava; no eran los restos de un enterramiento reciente. Y, no obstante, el cráneo parecía tener una forma notablemente moderna, aunque los huesos eran desusadamente gruesos.

Woodward, junto con Dawson y con el padre Teilhard de Chardin, buscaron más evidencias entre los montones de desperdicios. En una de sus expediciones conjuntas, Dawson encontró la famosa mandíbula inferior. Al igual que los fragmentos del cráneo, la mandíbula estaba profundamente teñida, pero parecía tener una forma tan simiesca como humana era la del cráneo. No obstante, tenía dos molares desgastados de un modo similar al que se ve en los humanos, pero nunca en los monos. Desgraciadamente, la mandíbula estaba rota precisamente en los dos lugares que podían haber dejado sentada su pertenencia definitivamente al cráneo: la región de la barbilla, con todas sus marcas distintivas entre el mono y el humano, y el área de la articulación con el cráneo.

Junto a los restos del presunto ancestro humano, además hallaron varios pedernales y huesos tallados. Tanto Woodward como Dawson presentaron sus datos a la Sociedad Geológica de Londres el 18 de diciembre de 1912. Hubo división de opiniones, pero en general se acogió favorablemente. Nadie sospechó de un fraude, aunque la asociación de un cráneo tan humano con una mandíbula tan simiesca indicara según algunos críticos que tal vez se hubieran mezclado los restos de dos animales totalmente distintos en la cantera.

Posteriormente, se encontraron nuevos restos que estaban perfectamente programados para acallar los críticos. Así, Teilhard encontró un diente canino, de forma simiesca, pero tan desgastado como lo tienen los humanos. Dawson encontró nuevos restos a dos millas del lugar de la excavación con nuevos fragmentos craneanos humanos y dientes simiescos. Henry Fairfield Osborn, famoso paleontólogo americano y crítico converso, escribió: “si existe una providencia pendiente de los asuntos de los hombres prehistóricos, no hay duda de que se puso de manifiesto en este caso, porque los tres fragmentos del segundo hombre de Piltdown encontrados por Dawson son exactamente aquellos que hubiéramos escogido para realizar una comparación con el espécimen original… Puestos uno al lado del otro, con los fósiles correspondientes al primer hombre de Piltdown, concuerdan con precisión; no hay ni sombra de diferencia”.

La prensa británica rápidamente se hizo eco de la noticia y saltó a las primeras páginas de los periódicos. Fue llamado el Hombre de Piltdown, aunque recibió el nombre científico de Eoantrhropus dawsonii. Esto ayudó en gran manera a mantener el fraude. La razón principal estribaba en que por aquella época se estaban encontrando restos de ancestros humanos por toda Europa continental y en Africa, pero ninguno había aparecido en el Reino Unido. Encontrar un fósil de este tipo, descrito incluso como más antiguo que los fósiles continentales daba el honor a los británicos de tener el ancestro más antiguo en su territorio.

Las primeras sospechas serias vinieron de la mano del dentista Alvan T. Marston, el cual en 1936, tras estudiar la morfología del canino se dio cuenta que ese diente pertenecía a un simio. Marston también se cercionó de que el color chocolate que poseía la mandíbula se debía a que había sido tratada con bicromato potásico. Pero el fósil reposó durante 30 años bajo llave en el Museo de Historia Natural de Londres. No era nada fácil acceder a él, los que querían estudiarlo tenían que conformarse con una réplica en escayola que impedía un serio análisis del mismo. Eso retrasó más aún que el fraude fuese desvelado. El relevo del director del Museo de Historia Natural cambió las cosas.

En 1949 Kenneth P. Oakley aplicó su prueba del flúor a los restos de Piltdown. Los huesos absorben el flúor en función del tiempo que hayan pasado en un depósito y del contenido en flúor de las rocas y tierra que les rodean. Tanto el cráneo como la mandíbula de Piltdown contenían cantidades difícilmente detectables de flúor; no podían haber pasado mucho tiempo en las gravas. Lástima que esta técnica no hubiese estado disponible en el momento del descubrimiento de los huesos. Posteriormente, tras un análisis profundo de los huesos originales se detectó el fraude por completo: la mandíbula estaba teñida para aparentar vejez, los molares habían sido limados de forma artificial. En realidad era mezcla de nueve restos craneales de un humano con mandíbula de orangután. A fin de hacer parecer las dos piezas como pertenecientes a un mismo animal a la mandíbula se le había quitado el cóndilo mandibular (el punto de unión de la mandíbula al cráneo) y la sínfisis mandibular (el lugar de unión de la mandíbula izquierda con la derecha). En 1953, con las técnicas de datación basadas en isótopos radioactivos se confirmó que los restos hallados en Piltdown no tenían más de 100 años de antigüedad. Al final fueron Weiner, LeGros Clark y Oakley quienes expusieron públicamente el fraude.

El Hombre de Piltdown jamás existió. La presencia de esta especie en nuestro árbol filogenético obstaculizó por cuatro décadas la comprensión de la evolución humana, pues este fósil reforzaba la idea que nuestros más remotos ancestros eran simios cuadrúpedos con un enorme cerebro, cuando en realidad nuestros antepasados de hace más de 16.000 generaciones eran pequeños bípedos con cerebros pequeños. Y esto se iba confirmando a partir de 1920 con la aparición de nuevos fósiles en Africa y Asia.

¿Quién realizó el fraude, Dawson, Woodward o Theilard?. Eso todavía no está claro. Dawson aparece como principal sospechoso, pero no se tienen evidencias físicas de que eso fuese así. Quedaría absuelto por falta de pruebas en un juicio.

¿Por qué este fraude se mantuvo tanto tiempo?. Para eso hay varias razones: (i) en primer lugar por presión mediática; al imperio inglés le convenía estar a la misma altura científica que el resto de Europa, y estos fósiles lo mantenía en una posición de dominio dentro del campo de la paleontología; además de situarlos como la cuna de la humanidad dentro del viejo continente, (ii) en aquellas época la ciencia estaba en manos de personas adineradas, que dentro de la sociedad tenían un alto estatus social y con enorme influencia. Es más, su forma de actuar podía ser tachada de caballerosa. En este sentido no se entendía el juego sucio, y desde luego, alguien que quisiera realizar una acusación de fraude debería proceder de estamentos sociales parecidos o sería ignorado por completo, (iii) el hecho de que perdurara tanto tiempo el fraude fue debido sobre todo a lo difícil que fue acceder a las muestras reales, tal y como ya he comentado.

¿Cuál fue la motivación del fraude?. Como no se ha averiguado quién realizó el fraude no se puede contestar con seguridad esta pregunta. Es posible que haya sido una mezcla de vanidad y de patriotismo mal entendido. En cualquier caso fueron los propios científicos quienes desentrañaron el engaño.

Los creacionistas exponen este caso como un claro ejemplo de prueba en contra de la teoría de la evolución. Es equivalente a decir que como Robert Gallo falseó los resultados al aislar el virus del SIDA, este virus no provoca la enfermedad. También afirman que todos los restos de homínidos son falsificaciones, olvidando que se disponen de miles de fósiles; esos ni los miran. El rigor que muestran con este fósil no lo aplican a cualquiera de las pseudopruebas que esgrimen para apoyar su peculiar interpretación de la Biblia. Así por ejemplo, afirman que en cuevas habitadas por antiguos indios americanos hay pinturas que muestras dinosaurios. Muestran el dibujo y ahí se quedan, ¿investigar para qué?, ¿ver la antigüedad para qué?, buscar restos de los dinosaurios en la zona, o pruebas de la interacción con los humanos, ¿para qué?. Eso sería hacer ciencia, cosa de la que los creacionistas no pueden presumir. Que apliquen la visión crítica de Oakley.


La ciencia sin embargo fue muy crítica con el cráneo de Piltdown, y también lo es con la teoría de la evolución. Cientos de laboratorios trabajan día a día para comprobar sus axiomas. Se desconfía de todo. Cada semana aparecen nuevos fósiles. Estos se analizan en profundidad. Ahora ya conocemos que hay redes de falsificación de fósiles, especialmente en China, con el ánimo de lucrarse con el dinero procedente de los museos. Hay engaños, como en todos los campos donde la humanidad interviene, pero tarde o temprano éstos se desvelan. Como dijo Carl Sagan respecto a la ciencia:

Una de las razones del éxito de la ciencia es que tiene un mecanismo incorporado que corrige los errores en su propio seno. Quizás algunos consideren esta característica demasiado amplia, pero para mí, cada vez que ejercemos la autocrítica, cada vez que probamos nuestras ideas a la luz del mundo exterior, estamos haciendo ciencia”.

Esto que describo aquí no es más que un resumen de lo mucho que se ha escrito sobre el tema. Como se puede observar la ciencia no trata de ocultarlo, todo lo contrario lo exhibe como mala praxis científica. Para más información podeis leer el capítulo “Nueva visita a Piltdown” de “El pulgar del panda” de Stephen Jay Gould, o bien ver el resportaje “The hoax of Piltdown” del Discovery Chanel fácilmente accesible via YouTube.