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El Big Bang y la Tierra Joven mayo 23, 2008

Posted by Manuel in astronomia, ciencia, creacionismo, diseño inteligente, escepticismo, religión.
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Somos polvo de estrellas
Carl Sagan

Dentro de los creacionistas, hay un grupo que se denominan los creacionistas de la Tierra Joven (YEC). Para estas personas la Biblia debe de ser entendida de forma literal. Eso exige que se deben asumir tesis que chocan con los conocimientos científicos actuales en materias tan dispares como la física, la química, la biología, la arqueología, la historia o la lingüística.

En este blog, el debate fundamental gira en torno a la teoría de la evolución (TE), que muchos YEC toman como producto del diablo (sic). La TE es uno de los objetivos fundamentales del ataque por parte de los YEC, hasta el extremo de prohibir su enseñanza en algunos condados de algunos estados de los EEUU, siendo sustituida por alternativas religiosas tales como la ciencia de la creación o el diseño inteligente.

Lo más sorprendente es que, todo ese fragor que usan para oponerse a la TE, no lo utilizan para criticar la gran explosión (Big Bang) como origen del universo. No sólo eso, sino que lo apoyan. Y he dicho bien: eso es sorprendente. Quizá sea porque no acaban de entender el desarrollo teórico de ese fenómeno. Y no me extraña, es un proceso complejo de explicar, con una tremenda carga numérica y de abstracción.

En cualquier caso vale la pena dedicar algo de atención a lo que supone realmente el Big Bang, porque influye directamente en los argumentos creacionistas de la antigüedad de la Tierra. Durante el Big Bang, la temperatura debió de alcanzar los billones de grados centígrados; en su origen, el universo se compuso de luz y de una cantidad casi infinita de partículas atómicas. Al continuar la expansión, protones equivalentes a núcleos de hidrógeno habrían reaccionado con otras partículas energéticas para formar helio, y habrían emitido electrones energéticos y luz. Al cabo de unos 300.000 años, la temperatura probablemente descendió hasta unos 6.000º C, es decir, lo suficiente para que los electrones libres comenzasen a perder velocidad y la luz pudiese viajar sin chocar con nada más. La luz alcanzó una velocidad constante de 299.792 kilómetros por segundo y desde entonces ya no ha frenado.

Mientras tanto, otras áreas del universo cobraron densidad suficiente para atraer a más materia y formar las primeras estrellas. La expansión continuó para atraer más materia y formar las primeras estrellas. La expansión continuó y las estrellas siguieron formándose, viviendo y muriendo. Lo que nos interesa ahora es que en el transcurso de la vida de una estrella las reacciones termonucleares produjeron elementos más pesados que el hidrógeno y el helio. Casi todo lo que hay a nuestro alrededor es el resultado del ciclo vital de una estrella: desde el metal de una cucharilla hasta el oxígeno que respiramos, pasando por el carbono del que estamos hechos. Estos y otros elementos tienen su origen en un proceso extraterrestre que tuvo lugar antes de que existiese el planeta. Somos la consecuencia de al menos una generación de estrellas que han muerto antes de que naciésemos. La Tierra no pudo formarse en el principio de los tiempos.

Se han utilizado diversos métodos para datar el Big Bang. Muchos se basan en medir las distancias entre distintas constelaciones a medida que el universo continúa expandiéndose. En 2003, se publicó la última estimación de la edad del Universo (13,7 más/menos 0,2 miles de millones de años), basada en las fluctuaciones de fondo de las microondas que dejó atrás el Big Bang.

Al alzar la vista hacia el firmamento, podremos ver el tiempo en acción. El número casi infinito de estrellas que vemos representan emisiones que se efectuaron hace millones de años. Estas luces no revelan cómo es una estrella en este momento. Imaginemos por un instante a un astrónomo alienígena que se encuentre a entre 65 y 251 millones de años luz de la Tierra y mire hacia nuestro planeta con un potente telescopio: la luz que refleje la superficie de nuestro planeta se emitió cuando aún vivían los dinosaurios. Al contemplar las estrellas viajamos atrás en el tiempo, aunque muchas veces no nos demos cuenta.

Por supuesto, ello no es del agrado de muchos creacionistas. Muchas veces deciden ignorar la gran mayoría de todos estos datos y, en cambio, sostienen que la velocidad de la luz ha descendido drásticamente desde la creación. No existen pruebas de ello. De ser cierto, sería extremadamente improbable que existiese vida en nuestro planeta. La famosa ecuación de la teoría de la relatividad especial de Einstein “E=mc2” resulta familiar a mucha gente, aunque no siempre se comprenda todo su significado. El gran avance de Einstein consistió en demostrar que la materia (m) y la energía (E) son formas distintas de una misma cosa y, por tanto, son intercambiables. Para calcular la cantidad de energía que existe en la materia, debe de multiplicarse la masa por el cuadrado de la velocidad de la luz (c). Este último término significa que un ínfimo cambio en la velocidad de la luz tendría un efecto desproporcionadamente grande sobre la cantidad de energía producida por la desintegración radiactiva.

Así, para comprimir trece mil setecientos millones de años en sólo 6.000, sería necesario que la velocidad de la luz se hubiese encontrado varios órdenes de magnitud por encima. Ello permitiría comprimir la escala del tiempo, pero dejaría muchos cabos sueltos en otras áreas. Para comenzar, una mayor velocidad de la luz también habría incrementado enormemente la velocidad de la desintegración radiactiva, por lo que se habría producido unos niveles letales de calor en la Tierra. También se incrementaría increíblemente la potencia del Sol, hasta el punto de incinerar la Tierra. ¿Podrían haber sobrevivido nuestros antepasados a la vaporización del planeta?.

En definitiva, si la velocidad de la luz ha cambiado de forma tan drástica, se redefinirían todas nuestras ideas sobre el tiempo, el origen de la vida, el universo y todo en general. En las elocuentes palabras de Ian Plimer:

“Los “científicos de la creación” sólo tienen que sustentar su afirmación de que la velocidad de la luz ha disminuido. Quien demostrase que la ciencia se asienta sobre una piedra angular totalmente errónea, de inmediato ganaría la fama científica, la aceptación universal de la “ciencia de la creación” y un premio Nobel.

No hace falta decir que no ha sucedido tal cosa.

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Comentarios

1. J.M.Hernández - mayo 25, 2008

Me encanta la frase “Somos polvo de estrellas”. Vaya mi recuerdo para Carl Sagan, una de esas personas que dejan un vacío irrellenable.

2. kikoprieto - mayo 25, 2008

En mi blog he puesto un artículo que trata claramente, según lo veo que la evolución es conciliable con la fe. Y como dices en tu artículo el Big Bang, la TE o van juntos o ninguno va. Y entiendo que la creación, Big Bang y TE, son tres momentos o procesos diferentes y que en ningún momento se solapan.

Parece paradójico, como dices en el artículo, ¿qué herramientas científicas usan los YEC, para explicar su teoría de la creación (entiendo que la creación ha de ser un término puramente metafísico), cómo se pude llegar hasta el instante (si se le puede llamar así) en el que de la nada se pasó al ser (términos metafísicos)?

3. jimmy armin - noviembre 14, 2008

que vien esta lo del universo y las particulas son el comienzo pero como esta eso de que la velocidad de la luz cambia,se supone que la velocidad de la luz varia al tiempo, existe algo llamado años luz que para la vida humana seria como muchisimo pero si la velocidad de la luz se puede alterar eso seriia como la vidad de un mosquito y llegariamos a lugares desconocidos en poco tiempo que bien interesante si concen mas de esas cosas porfavor escribanme por que me interesa la fisica y matematicas y quimica ciencias exactas por que ess lo que demuestra las cosas como son muchisimas grasias


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