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Fósiles creacionistas mayo 26, 2008

Posted by Manuel in ciencia, creacionismo, diseño inteligente, escepticismo, evolucion, religión.
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Los geólogos encuentran cosas raras en el suelo, pero ninguna tan extraña, como los “fósiles desenterrados” por Johann Beringer, un erudito profesor de ciencias de la Universidad de Würzburg (Alemania). Los protestantes alemanes de comienzos del siglo XVIII, así como muchos fundamentalistas americanos de hoy, podrían no creer que estos fósiles fueran restos de una vida que floreció millones de años atrás. El profesor Beringer tenía una teoría inusual. Algunos fósiles, admitía, podían ser restos de una vida que pereció en el diluvio universal, pero la mayor parte de ellos eran “piedras peculiares” talladas por el propio Dios cuando experimentaba con los tipos de vida que pensaba crear.

Beringer entró en éxtasis cuando sus adolescentes ayudantes comenzaron a excavar cientos de piedras apoyaban su hipótesis. Representaban imágenes de los cuerpos de extraños insectos, aves, y peces nunca vistos sobre la Tierra. Había un ave con cabeza de pez, idea que Dios parecía haber descartado. Otras piedras mostraban el sol, la luna, estrellas de cinco puntas y cometas con colas extendidas. Empezó a encontrar piedras con inscripciones hebreas. Una de ellas tenía cincelada la palabra “Jehovah”.

En 1726 Beringer publicó un enorme tratado sobre estos maravillosos descubrimientos. Estaba escrito en latín y gráficamente ilustrado con láminas grabadas. Sus colegas trataron de hacer aparecer a Beringer como un embaucador, pero él se defendía ignorando esta “chocarrería rencorosa” de sus obstinados enemigos oficialistas (¿les suena?).

Nadie sabe qué fue lo que finalmente hizo cambiar de idea al profesor. Se dijo que encontró una piedra con su propio nombre grabado en ella. Se llevó a cabo una investigación, y uno de sus ayudantes confesó. Salió a la luz que las piedras peculiares, un bibliotecario de la universidad y un profesor de geografía.

El pobre confiado y estúpido Beringer, arruinada su carrera, dedicó los ahorros de toda su vida a comprar ejemplares de su necio libro y a quemarlos. Pero su obra se convirtió en un monumento tan famoso al fraude geológico, que 27 años después de la muerte de Beringer se publicó una nueva edición en Alemania. En 1963, apareció una excelente traducción publicada por University California Press.

A pesar de que estos acontecimientos ocurrieron casi un siglo antes de que Charles Darwin hubiese nacido, los falsificadores del cráneo de Piltdown encontraron a quien emular entre las filas de sus rivales científicos: los creacionistas.