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Darwinismo (I) julio 7, 2008

Posted by Manuel in biologia, ciencia, creacionismo, diseño inteligente, divulgación científica, escepticismo, evolucion, religión.
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Hoy inicio una serie corta, que muestran los argumentos a favor y en contra del darwinismo en la España de finales del S.XIX. El primer artículo lo firma Antonio Machado y Núñez catedrático de Historia Natural de la Universidad de Sevilla y abuelo del poeta Antonio Machado. En este texto Machado, ya introduce el conflicto fe/razón, y como la primera no debe de ser utilizada en ningún caso para debatir acerca de teorías científicas. Además, presenta con honestidad los postulados de Darwin, no los da como algo irrefutable, sino como algo digno de estudio y crítica, pero dentro del ámbito de la ciencia y la razón.

Artículo de Antonio Machado y Núñez. Revista de Filosofía; Literatura y Ciencias. Sevilla, 1872.

“La teoría de Darwin combatida por los reaccionarios de la ciencia, permanece, sin embargo, inalterable en sus bases fundamentales; las personas extrañas a la geología niegan rotundamente las consecuencias de aquellas doctrinas, que van a destruir rancias preocupaciones, a las cuales están apegados.

No queremos, a pesar de ello, las acepten de improviso y sin maduro examen, pues la enseñanza de los estudios naturales nos exige razones bastante exactas y justificadas para aceptarlas o nuevos argumentos que sostengan la que a todas luces está desechada por el criterio de los hombres de ciencia.

La intervención sobrenatural de causas inexplicables, de pretendidos fenómenos que sólo el absurdo puede sostener, debe ser borrada del lenguaje de los naturalistas o cuando menos, no aducirla como pruebas irrefragables de lo que ha sido sancionado como un error. ¿Qué observación rigurosa y atenta podemos presentar que compruebe y afirme que una causa cualquiera, por inteligente y perfecta que la creemos, construya y fabrique, cual un alfarero o un maestro de obras, el globo que habitamos, los seres existentes o los que desaparecieron desde el origen de nuestro planeta?. Costumbre fatal es aquélla de discutir fuera del raciocinio, negado las verdades demostradas por la experiencia de los hechos con argumentos de fe, que solamente aceptarán los partidarios inconscientes de aquellas creencias.

Un hombre eminente de la vecina República decía “que las utopías eran verdades adelantadas por la inteligencia privilegiada de algunos, y después venían a comprobar satisfactoriamente los siglos futuros”. Apoyarse en la fe para rebatir cuestiones que deben dilucidarse por medios experimentales y observaciones directas, por más que esa confesión puede serles útil en sus relaciones con la sociedad.

Si los que pretenden limitar el tiempo de las épocas geológicas, pudieran demostrarnos el estudio de los fenómenos actuales el espesor que adquieren las capas de sedimentos en los aluviones fluviátiles, en la formación de los polders o en los deltas de los ríos, accederíamos gustosos a encerrar nuestra inteligencia en los límites de la fe, para no ir más allá de los 6.000 años que el padre Petavio asigna a nuestro globo; pero si el talud de las montañas, los detritus acumulados en los valles en el período histórico apenas alcanzan algunos milímetros de espesor, claro y evidente es que sin salir del término de la época moderna se rebaten todos los argumentos y destruyen por su pie las palabras con que pretendan oscurecer la verdad, matemáticamente demostrada por los geólogos.

Todo el edificio levantado contra la doctrina de Darwin se desvanece fácilmente cuando, no por simples aparatos, sino por armonías científicas, se estudian los fenómenos de la teoría evolucionista. Hay más relaciones de las que algunos creen entre los seres del Universo, y esos nombre distintos con que los conocemos no son más que el progreso de la ciencia que en su más elevado criterio busca el Creador o la ley armónica y perfecta, origen de todas las modificaciones.

Nosotros negamos la intervención sobrenatural de la manera que algunos místicos la presentan: sería absurdo administrarla aun para aquellos hechos de que no podemos dar una explicación plausible, pues la ignorancia de las causas productoras de un fenómeno, de ninguna manera debe destruir nuestra razón, que nos dice, está todo sujeto a leyes más o menos conocidas: a la ciencia pertenece descubrirlas por medio de la observación y la experiencia, y, mientras tanto, no deben aceptarse puerilidades inconvenientes.

(…) La teoría de Darwin, que nosotros no pretendemos defender como una obra perfecta, reúne, sin embargo, tal número de hechos sobre los cuales los materialistas no habían fijado antes su atención, que la hacen digna de un estudio severo y concienzudo por parte de aquellos que la conocen: sus observaciones no admiten réplica y las consecuencias que se desprenden son tan claras e incontrovertibles, al menos para nuestra inteligencia, que no dudamos influirán en los adelantos de las ciencias biológicas”.

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Comentarios

1. pauloarieu - julio 7, 2008
2. pauloarieu - julio 7, 2008

Me comio los enlaces!!!!!
Es un comebytes este terrible
Los debe haber mandado a Spam
saludos
Paulo

3. Manuel - julio 7, 2008

Hola Paulo, gracias por los enlaces. Mañana pondré la segunda parte del artículo Darwinismo, la de un arzobispo que se oponía a la TE, así podrás completar el artículo con las dos versiones.

Ví lo del Club, gracias por los mensajes, muy , pero que muy constructivos. Ahora estoy acabando una cosa en el trabajo y no tengo tiempo, en cuando llegue a casa contesto con calma.

saludos


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