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Chupadores de dinosaurios septiembre 11, 2008

Posted by Manuel in ciencia, creacionismo, diseño inteligente, divulgación científica, evolucion, geología.
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Hace unos 110 millones de años, cerca de la actual localidad cántabra de Rábago, un mosquito ceratopogónido se encaramó al ojo de un dinosaurio iguanodonte y le succionó la sangre. Tras el atracón, voló hasta un frondoso bosque de coníferas, en la costa del Mar de Tetis, y quedó atrapado en la resina.

Fuente: Público

Allí sigue, congelado en un pedazo de ámbar. Una fotografía perfecta del Cretácico Inferior. Pero aquella masa boscosa es ahora la cuneta de la carretera de acceso a la cueva de El Soplao, a 80 kilómetros de Santander. El pasado febrero, dos científicas del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) se encontraron en la Sierra del Escudo de Cabuérniga con el que parece uno de los yacimientos de ámbar más importantes de la época, más de 40 millones de años antes de que un meteorito provocara la extinción de los dinosaurios.

El principal interés del ámbar de Rábago es la abundancia de insectos encerrados en esta resina vegetal fosilizada. Los investigadores han analizado sólo algunas piezas recogidas sin más en el desangelado arcén y han encontrado avispas, escarabajos, chinches, moscas, mosquitos chupadores de sangre y otros artrópodos. Casi todos, de especies desconocidas para la ciencia. “Es un yacimiento excepcional, como si alguien hubiera tirado allí kilos y kilos de ámbar”, explica, todavía sorprendido, el especialista en insectos fósiles del IGME Enrique Peñalver. Y todavía no se sabe qué hay bajo la tierra. De momento, Peñalver se frota las manos. El Cretácico Inferior es el periodo geológico en el que aparecieron grupos de insectos tan importantes como las hormigas, y Rábago puede despejar muchas incógnitas.

La instantánea tomada por el ámbar en el Cretácico no sólo sirve para describir nuevas especies. También da información sobre su comportamiento. En la resina aparecen hormigas acarreando a sus presas, insectos copulando, telas de araña y, a buen seguro, habrá otras sorpresas. “Un hallazgo increíble sería encontrar una pluma de dinosaurio con un parásito, como un piojo o una liendre. O un pelo de algún mamífero”, expone el geólogo. Según el equipo científico, la veta puede contener miles de insectos atrapados en el tiempo.

El hallazgo ha resucitado la fantasiosa idea, reflejada en la película Parque Jurásico, de clonar dinosaurios a partir del ADN encontrado en los mosquitos chupadores de sangre contenidos en el ámbar. Para Peñalver, es absolutamente impensable. El ADN es una molécula que se degrada en seguida y, por otro lado, el ámbar ha conservado en buenas condiciones los exoesqueletos de los insectos, pero no su aparato digestivo. “Además, aunque reconstruyéramos los cromosomas de los dinosaurios, necesitaríamos un óvulo de esa especie para poder clonarlos”, sostiene.

El filón de Rábago, en cualquier caso, es una rara avis. Los yacimientos con ámbar del Cretácico Inferior son muy escasos en todo el mundo. Y la presencia de bioinclusiones – insectos, pelos, plumas – es aún más extraña. Además de en varios puntos de Álava y San Just (Teruel), existen depósitos similares sólo en Líbano, Jordania, Reino Unido y Austria. Por ello, el director de la cueva de El Soplao, Fermín Unzúe, cree que se hallan ante “una nueva Atapuerca”. Quizá, especulan, esta ingente cantidad de ámbar es el fruto de la acumulación en el estuario de un río tras una tormenta. La solución podría llegar en noviembre, cuando comiencen las excavaciones, que darán trabajo a varias generaciones de investigadores.

En opinión de la geóloga Idoia Rosales, descubridora de la veta de Rábago junto a su colega María Najarro, el estudio de los fósiles encerrados en el ámbar también arrojará luz sobre los cambios climáticos del pasado. Hoy, el entorno de la cueva de El Soplao está dominado por robles, hayas y abedules. Pero, en el periodo Cretácico, la concentración atmosférica de dióxido de carbono, responsable del efecto invernadero, era mucho mayor a la actual y la temperatura pudo ser entre seis y 12 grados superior. Los bosques resiníferos, habitados por dinosaurios emplumados del tamaño de una paloma, estaban poblados por especies de coníferas ya extintas y ginkgos. “Es un poco controvertido, pero algunos investigadores piensan que las burbujas de aire atrapadas en el ámbar nos pueden servir para conocer cómo era la atmósfera de la época”, dice con esperanza Rosales. Aire del Cretácico Inferior en el siglo XXI.

La edad del ámbar lo hace, a su vez, idóneo para estudiar uno de los momentos cruciales en la evolución de los ecosistemas terrestres: la aparición de las angiospermas, las plantas con flores. Si alguien viajara en el tiempo a un bosque de hace 110 millones de años, lo primero que le llamaría la atención sería la ausencia de flores. Fue en el Cretácico Inferior cuando las recién nacidas angiospermas, ayudadas por los insectos polinizadores, consiguieron expulsar a los helechos de los bosques.

Hoy, en la cuneta de la carretera de acceso a El Soplao, tampoco hay muchas flores. Dos lonas de unos 100 metros cuadrados tapan el yacimiento y un vigilante de seguridad custodia la zona durante 24 horas al día para evitar la actuación de los expoliadores. Poco después de anunciarse el hallazgo, un grupo de personas intentó llevarse fragmentos de ámbar situados en la ladera. Al ser piezas únicas, con insectos no encontrados en ningún otro lugar del mundo, pueden alcanzar un valor incalculable en el mercado negro. El Parque Cretácico cántabro, prácticamente indefenso, vale ya millones de euros.

Autor: Manuel Ansede

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¿Son los huracanes consecuencia de un Diseño Inteligente? septiembre 11, 2008

Posted by Manuel in ciencia, creacionismo, diseño inteligente, escepticismo, evolucion, geología.
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Buscando hoy en el servidor del Nacional Hurricane Center información acerca del huracán Ike he podido observar, que a pesar de lo destructivos que son, los huracanes presentan una gran belleza y alto nivel de complejidad, tal y como muestra esta fotografía tomada por un satélite meteorológico.

¿Cómo a partir de un cielo azul como el de la imagen se ha podido generar algo tan organizado?.

¿Quién nos quiere hacer creer que estos fenómenos surgen por azar?. La elevada organización de un huracán muestra que sin duda detrás debe de existir algún diseñador. ¡Basta ya de enseñar que los huracanes se forman espontáneamente cuando chocan corrientes de diferente temperatura y humedad!. ¿Quién en su sano juicio puede creer que algo tan organizado puede surgir de la nada?. Exijo que deje de enseñarse esta patraña en las escuelas. La única verdad es que detrás de cada huracán hay un diseñador.