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La evolución mata octubre 10, 2008

Posted by Manuel in creacionismo, diseño inteligente, escepticismo, evolucion.
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Me encontré por ahí estas viñetas con mensajes anti-evolución. Pero un momento, igual no lo son 🙂

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Ciencia latina octubre 10, 2008

Posted by Manuel in ciencia, divulgación científica, educación, escepticismo, historia de la ciencia.
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No es ningún secreto que una buena parte de América estuvo gobernada por la corona española durante varios siglos. Eran tiempos en las que las llamadas grandes potencias ejercían un poder imperialista sobre extensas regiones del planeta. El imperio español no era el único. En la misma época Inglaterra, Holanda, Francia o Portugal también poseían bajo su dominio grandes regiones.

Salvo honrosas excepciones, España siempre ha estado fuera de la vanguardia científica. Las causas son múltiples, pero fundamentalmente tiene sus razones en la estrechez de miras, tanto de la iglesia, de la corona y de la aristocracia dominante. Además, España no formó parte de la revolución científica de los siglos XVII, XVIII y XIX, motivo que pesaría como una losa sobre el desarrollo científico de la nación española.

En el otro extremo tenemos un país colonial como Inglaterra, que ha desarrollado su ciencia de forma extraordinaria desde el siglo XV. Sin ir más lejos la Royal Society (su academia de ciencias) se fundó en Londres en 1662, e introdujo algo de vital importancia: la publicación de revistas periódicas para comunicar a todos los resultados científicos. En España, la Real Academia de Ciencias no se fundó hasta 1847, casi dos siglos después. Quien haya visitado Londres habrá tenido la oportunidad de ver la extensión de una sus universidad más emblemáticas, el Imperial Collage, junto al National History Museum. Dos templos del saber científico. En comparación el Museo de Ciencias de Madrid viene a ser la caseta del perro del museo británico, con todo mi respeto para los compañeros que trabajan y hacen una labor sobresaliente en él. Pero Madrid tuvo la oportunidad de contar con una gran institución científica. El actual edificio del Museo del Prado se diseñó, en realidad, para albergar la Academia de Ciencias, junto al Jardín Botánico y el observatorio astronómico. Pero finalmente la corona decidió que era más conveniente usarlo para algo menos revolucionario para el pueblo y la monarquía, y en él se ubicó la colección de pinturas de los reyes.

Los resultados de esta política de dejadez hacia la ciencia es fácil de comprobar hoy día. España no posee ningún premio Nobel en Física o Química y posee uno solo, Ramón y Cajal, en Medicina. El Nobel de Severo Ochoa computa para USA, ya que hizo toda su carrera investigadora allí, y se nacionalizó como ciudadano de ese país. Las cosas no han ido mucho mejor para los países latinoamericanos. Una comunidad de cerca de 400 millones de habitantes sólo posee 4 premios Nobel de ciencias; dos de Química, Mario Molina (México) y Luis F. Leloir (Argentina) y dos de Medicina para Bernardo A. Houssay y César Milstein, ambos argentinos. La comparación es odiosa con el mundo anglosajón. Gran Bretaña poseía en el 2006, 23 premiados en Física, 24 en Química, y 27 en Medicina. Antiguas colonias británicas como USA posee más de 200 premios Nobel, e incluso Australia que posee una población de sólo 20 millones de habitantes, tiene 9 premios Nobel en ciencias.

Uno puede sacar a relucir la riqueza de países como USA, Gran Bretaña o Australia, frente a un menor desarrollo económico de España o Latinoamérica, pero aquí es donde sale a relucir la gran cuestión: ¿y no estará ese gran desarrollo económico ligado precisamente a su mayor apuesta por la ciencia y el desarrollo en I+D?. Para mí la respuesta es muy clara.

Fuente de datos:

1. Wikipedia
2. La razón estrangulada. Carlos Elías. Editorial Debate.

La bacteria del centro de la Tierra octubre 10, 2008

Posted by Manuel in biologia, ciencia, creacionismo, divulgación científica, evolucion, microbiologia.
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MIGUEL G. CORRAL- El Mundo

Una de las preguntas más frecuentes que se hacen los científicos cuando se plantean la posibilidad de encontrar vida en otros planetas es si algún organismo es capaz de vivir de forma independiente, sin necesidad de recibir la luz del sol o de alimentarse de otros seres vivos. La duda ha quedado siempre sin respuesta. El descubrimiento en una mina de oro, a casi tres kilómetros de profundidad, de una nueva bacteria ha conseguido abrir una nueva puerta en la investigación astrobiológica.

“Ahora que tenemos la prueba de la existencia de un organismo como este, es excitante, hasta en un sentido filosófico, saber que todo lo necesario para la vida está empaquetado dentro de un solo genoma”, afirma Dylan Chivian, autor del descubrimiento que se ha publicado en la revista ‘Science’ e investigador del Laboratorio de la División de Biociencias Físicas de al Universidad de Berkeley (EEUU).

Además, el hallazgo supone la primera prueba de un ecosistema formado por una única especie biológica. La bacteria Desulforudis audaxviator, encontrada en una nueva galería de la mina de oro de Mponeng, cercana a Johanesburgo (Sudáfrica), en condiciones de total oscuridad y a más de 60 grados centígrados de temperatura, vive de forma totalmente aislada de otras formas de vida. Consigue sobrevivir en un hábitat semejante gracias a la energía que extrae, no del Sol, sino del hidrógeno y del sulfato producidos por la descomposición radiactiva del uranio presente en la mina. Además, como vive aislada de otras formas de vida, obtiene sus moléculas orgánicas de la humedad presente en la tierra, del carbono inorgánico de las rocas y del nitrógeno que proviene del amonio que rodea los minerales.

Largo camino por la Evolución

En el largo trayecto evolutivo hasta las profundidades de la Tierra, esta bacteria ha desarrollado una batería de genes que le permiten hacer cosas impensables en otras formas de vida, como fijar el nitrógeno directamente del elemento químico presente en el medio.”Casi todos los organismos viven en comunidades con diferentes papeles dentro de cada ecosistema”, dice Chivian. Pero D. audaxviator ha obtenido genes fundamentales para su vida de otros organismos, como arqueas, gracias a la capacidad de intercambiar material genético, un proceso conocido como transferencia horizontal que le permite obtener genes de organismos muy diferentes a él. Estos le permiten, no sólo alimentarse de materia inorgánica exclusivamente, sino convertirse en una espora cuando hay periodos pobres en nutrientes o protegerse a sí mismo del ataque de los virus.

No se trata de un organismo marciano, pero su modo de vida bien podría encajar con las condiciones que podría tener un organismo en Marte. Sin embargo, su procedencia no es extraterrestre, sino todo lo contrario procede del mismo corazón de la Tierra. De hecho, el nombre de la bacteria procede de la literatura de ciencia ficción del maestro Julio Verne. En un momento de su Viaje al centro de la Tierra, el protagonista, el profesor Lidenbrock, descifra un mensaje que dice en latín: “desciende, Audax viator, y alcanza el centro de la Tierra”.