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Mamut a la brasa octubre 16, 2008

Posted by Gonn in biologia, ciencia, creacionismo, diseño inteligente, divulgación científica, evolucion, geología, historia de la ciencia, paleontología.
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Aunque últimamente, con esto de escribir la tesis, no estoy muy activo por estos lares, me animo a escribir y compartir este artículo sobre una historia que recién he leído en el libro que actualmente tengo entre manos: “El collar del Neandertal”, del excelente científico y divulgador Juan Luis Arsuaga (y lo digo de primera mano porque fue mi profesor en una asignatura durante la carrera).
Pues bien, en el capítulo 5, Arsuaga se explaya acerca de los principales animales que convivieron con el Homo sapiens y el Homo neandertalensis, a través de los fósiles que han llegado hasta nuestros días.
En las primeras páginas cuenta la conocida aventura del mamut de Beresowka, que él a su vez extrae del libro escrito (y publicado en 1902) por uno de los protagonistas de la historia, Otto Hertz (zoólogo). Otto, junto a sus dos subordinados D. P. Sewastianoff (estudiante de geología) y D. P. Pfizenmayer (taxidermista), parten desde Irkutsk hacia el río Beresowka, subvencionados por la Academia Imperial de Ciencias de San Petersburgo donde trabajan, con el objetivo de trasladar un mamut congelado, cuyo cuerpo había sido encontrado el año anterior. El equipo también contaba con dos cosacos y tres guías. Tras recorrer cerca de 6000 km entre trayectos a caballo y a pie (y descontando trayectos en barco y tren), con temperaturas que podían alcanzar los -50º C, y perder uno de los guías al ahogarse en uno de los helados ríos que cruzaron, lograron llegar hasta el cuerpo del mamut. Sin embargo, sus problemas no habían hecho más que empezar pues el cuerpo del mamut pesaba cerca de 2000 kg (luego se pudo determinar de forma exacta: 1638 kg), lo que dificultaba enormemente su transporte. Finalmente optaron por trocear el cuerpo del mamut y así repartir el peso en diferentes trineos. Además, era necesario evitar que se descongelara durante el viaje de vuelta a Irkutsk, por lo que decidieron viajar día y noche. Si tenemos en cuenta que toda esta aventura tuvo lugar en pleno mes diciembre, podemos hacernos una idea de la magnitud de la proeza. Finalmente, la expedción logra llegar a Irkutsk, desde donde se trasladan rápidamente hasta San Petersburgo en tren. A pesar de que durante el trayecto el mamut comenzó a pudrirse, se pudo disecar con éxito, para ser expuesto en el Museo Zoológico de San Petersburgo, donde puede contemplarse en la actualidad.

Sin embargo, estos científicos parece ser que decidieron comenzar su labor de investigación bastante antes de regresar a sus laboratorios. Durante el épico transporte, uno de ellos (no se especifica quién) decidió probar la carne del mamut sazonada adecuadamente, con el fin de determinar si era comestible. El escaso tiempo que, al parecer, duró el bocado en su estómago despejó todo tipo de dudas al respecto. No obstante, esta no ha sido la única “barbacoa prehistórica”. En 1976 fue hallado un bisonte congelado en Alaska, que fue bautizado con el nombre de Blue Babe por el color azulado de su piel. En este caso, fue el paleontólogo Björn Kurtén quien tuvo el placer de degustar un estofado con carne de Blue Babe, y en este caso, según afirma él, con éxito, ya que la carne debajo de la piel azul parecía encontrarse bastante fresca y presentaba un sabor agradable.

Con este tipo de hallazgos cabe preguntarse cómo es posible que se formen este tipo de fósiles, en los cuales podemos encontrar incluso restos bastante bien conservados de piel, carne o vísceras, a pesar de los miles de años transcurridos desde su muerte. Al contrario de lo que pudiera pensarse, estos mamuts, renos o bisontes congelados no son encontrados en el interior de bloques de hielo, como si fueran cubitos de hielo gigantes con una sorpresa en el interior, sino que se conservan enterrados en lo que se denomina permafrost, que viene a ser el suelo que permanece permanentemente congelado en la superficie de las regiones frías. Es necesario que dicho suelo sea excavado, de forma natural (erosión) o artificial (ser humano), para poder descubrir estas reliquias. El proceso de fosilización se podría explicar de la siguiente manera: nuestro querido mamut muere por la razón que sea y termina sus días en una zona de sombra, donde no suele dar el Sol. Su cuerpo comienza a momificarse de forma natural por efecto del frío, con lo que se evitan los procesos de descomposición. Posteriormente, debido al calor del Sol del verano, es posible que se fundiera el hielo de las capas más superficiales del permafrost lo que daría lugar a un inevitable encharcamiento, ya que el agua es incapaz de atravesar las impermeables capas más profundas del permafrost que permanecen congeladas. El consecuente ablandamiento del suelo daría lugar a que el cadáver del mamut quedase semienterrado. Si multiplicamos este proceso por cada verano que ha pasado desde ese momento (hace miles de años) no cuesta imaginarse cómo terminó nuestro mamut totalmente sepultado, congelado y en un excelente estado de conservación, llegando así hasta nuestros días.

En este estado han sido encontrados varios mamuts a lo largo de la historia de la paleontología. Sin embargo, dada la inmensa extensión que abarca Siberia, que es donde existen más posibilidades de encontrar mamuts en estas condiciones, ¿cuántos mamuts pueden quedar por ahí congelados, esperando ser encontrados?

Referencias:
Arsuaga, Juan Luis (1999): El collar del Neandertal. Ediciones Temas de Hoy, S.A. (T.H.)

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Comentarios

1. gustavo - octubre 14, 2009

eres bueno


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