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La evolución como cambio de posición del hombre en la Naturaleza diciembre 16, 2008

Posted by Manuel in ateismo, biologia, ciencia, creacionismo, diseño inteligente, divulgación científica, escepticismo, evolucion, historia de la ciencia, pseudociencia, religión.
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Es interesante contemplar un enmarañado ribazo cubierto por muchas plantas de varias clases, con aves que cantan en los matorrales, con diferentes insectos que revolotean y con gusanos que se arrastran entre la tierra húmeda, y reflexionar que estas formas, primorosamente construidas, tan diferentes entre sí, y que dependen mutuamente de modos tan complejos, han sido producidas por leyes que obran a nuestro alrededor (…). Hay grandeza en esta concepción de que la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada por el Creador en un corto número de formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, infinidad de formas las más bellas y portentosas.
Charles Darwin

“El origen de las especies” de Darwin, que supuso el empuje definitivo de la evolución, significó un cambio de mentalidad, una nueva forma de ver el hombre sobre la Tierra. Ésta no apareció de forma súbita, como algunos antidarwinistas pretenden hacer creer para intentar mostrar al mundo que la evolución es la idea de unos cuantos majaderos. La evolución es un concepto mucho más antiguo, que tomando fuerza con el paso de los siglos, y que finalmente se plasmó en las obras de Darwin y Wallace. Así Henry Fairfield Osborn en 1894, en su obra From the Greeks to Darwin, the development of the evolution idea through twenty-four centurias (“De los griegos a Darwin, el desarrollo de la evolución a través de veinticuatro siglos”) escribió:

El antes y el después de Darwin serán siempre el ante y post urbem conditam de la historia de la biología

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Según Osborn, la idea de la evolución no era nueva, sino que

había alcanzado su madurez tras lentas contribuciones aportadas a lo largo de 24 siglos (…). Cuanto más se estudia la ley de la evolución, más se convence uno de que no se llegó a la misma por un descubrimiento decisivo, sino por el desarrollo progresivo de ideas subordinadas y conexas, antes de que fuera reconocida como un todo único, primero por Lamarck y después por Darwin

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Y efectivamente Darwin plasmó en su obra experiencias que otros naturalistas también habían observado. Así que mientras que el concepto de selección natural parecía ser nuevo, el de evolución, entendida como variabilidad de las especies, era algo que ya “flotaba en el ambiente”. De lo que no hay ninguna duda es de que la evolución, y especialmente cuando ésta englobó a la especie humana, cambió por completo la posición del hombre en nuestro planeta. De ahí han surgido los principales debates con la filosofía y la teología; así como los encontronazos con los grupos fundamentalistas religiosos. Tras la publicación de “El origen de las especies” ese cambio de mentalidad se hizo patente tal y como muestran las opiniones de Ernst Haeckel o Sigmund Freud.

En el año 1874, Haeckel en su obra Antropogenia o historia de la evolución humana declaraba haber señalado por vez primera:

los méritos de esos dos héroes en la erradicación del concepto antropocéntrico y geocéntrico del universo (…). Del mismo modo que Copérnico dio su golpe de gracia al geocentrismo en 1543 (…), Darwin asestó un golpe de gracia al dogma antropocéntrico en 1859

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Afirmaba que la teoría darwinista era subversiva; demostraba su importancia al subrayar que la misma explica por medio mecánicos el origen de las formas orgánicas e identifica las causas responsables y que queda casi eclipsada por la importancia desmesurada que adquiere por sí sola una consecuencia única y necesaria de la teoría (…): el origen animal del hombre.

Sigmund Freud escribió en su “Introducción al psicoanálisis” (1916-1917) que a lo largo de los siglos

la ciencia ha proporcionado al egoísmo ingenuo de la humanidad dos grandes desmentidos. La primera vez sucedió cuando se demostró que la Tierra, lejos de ser el centro del universo, constituía sólo una parcela insignificante del sistema cósmico del que apenas podemos imaginarnos su grandeza. Asociamos este primer dato al nombre de Copérnico (…). La investigación biológica aportó a la humanidad el segundo desmentido (…) al establecer su descendencia del reino animal y al mostrar la indestructibilidad de su naturaleza animal. Esta última revolución ha tenido lugar en nuestros días, gracias a los trabajos de Charles Darwin, Wallace y sus predecesores (…)

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La evolución solamente habla de variabilidad de los seres vivos. Sin embargo sus implicaciones filosóficas fueron fundamentales: sustitución de un mundo estático por un mundo en evolución; rechazo del creacionismo; rechazo de la teleología cósmica, superación del antropocentrismo; explicación materialista de lo que hasta entonces se había concebido en términos de “proyecto” divino; sustitución de las clasificaciones rígidas y apriorísticas por un pensamiento articulado sobre las variaciones de la naturaleza.

Estas razones son las que sopesan los detractores de la evolución. Es indiscutible, desde el punto de vista científico, que existe una evolución biológica, sin embargo muchos se oponen. Algunos lo hacen a “rostro descubierto” afirmando que no les importa la ciencia, y que consideran que las consecuencias que hay detrás la hacen peligrosa, tanto que vale la pena prescindir de importantes descubrimientos en biomedicina u otros campos a favor de seguir manteniendo la posición del hombre en el mundo que ellos pregonan. Otros son defraudadores del intelecto al afirmar categóricamente que muchos de los descubrimientos científicos del último siglo son falsos; lo que esconden en el fondo es lo mismo que el primer grupo, pero a diferencia de los primeros utilizan el engaño y la tergiversación al criticar de forma pseudocientífica argumentos más que asentados en el conocimiento de la ciencia de hace cientos de años.

No es justo prescindir del polo opuesto en disputa: aquellos, que al igual que los literalistas bíblicos, no poseen ningún conocimiento científico pero han tomaron la evolución como estandarte para derribar el mito del antropocentrismo e intentar resquebrajar cualquier creencia religiosa. Ambas posturas chocaron como locomotoras desbocadas a finales del siglo XIX, y ese debate ha llegado con fuerza a nuestros días, especialmente en aquellos lugares del planeta donde el fundamentalismo religioso está más arraigado.

Sin embargo Darwin huyó de ese debate. A él le interesaba explicar cómo evolucionaban los organismos, y por qué mecanismos lo hacían. Tal y como escribió:

Cuando no contemplemos ya un ser orgánico como un salvaje contempla a un barco, como algo completamente fuera de su comprensión; cuando miremos todas las producciones de la naturaleza como seres que han tenido una larga historia; cuando contemplemos todas las complicadas conformaciones e instintos como el resumen de muchas disposiciones útiles todas a su posesor, del mismo modo que una gran invención mecánica es el resumen del trabajo, la experiencia, la razón y hasta de los errores de numerosos obreros; cuando contemplemos así cada ser orgánico, ¡cuánto más interesante –hablo por experiencia- se hará el estudio de la Historia Natural

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Eso es lo que de verdad interesa al científico, entender a los seres vivos, cómo son y como varían a lo largo del tiempo. Lo demás son ideas filosóficas de las que no saben nada ningún animal ni planta de este planeta.

Este artículo ha sido escrito tomando texto del artículo titulado “La evolución, una revolución” de Bárbara Continenza aparecido en el último monográfico de “Investigación y Ciencia” dedicado a la figura de Charles Darwin.

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El científico incógnita (2) diciembre 16, 2008

Posted by Manuel in ciencia.
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¿De quién se trata?
16-12-08

Descubren cómo las bacterias se hacen resistentes a los antibióticos diciembre 16, 2008

Posted by Manuel in biologia, ciencia, creacionismo, diseño inteligente, divulgación científica, evolucion, microbiologia, mutaciones.
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villa
Alejandro Vila (izq.) y Pablo Tomatis, autores del trabajo que se publica hoy en PNASFoto: Mario García

Nora Bär- LA NACIÓN- Edición Digital

Por su efectividad para curar enfermedades que en otras épocas eran mortales, hasta no hace mucho los antibióticos tenían aura de medicamentos mágicos. Las bacterias, sin embargo, se encargaron de demostrar lo contrario. Datos internacionales indican que hasta un 70% de los patógenos causantes de infecciones pulmonares son resistentes a uno de los antibióticos de primera línea y hasta el 60% de las infecciones hospitalarias se deben a microbios resistentes.

Actualmente, la resistencia bacteriana es un verdadero dolor de cabeza para los sanitaristas. Pero al menos por ahora investigadores argentinos ganaron un round en el combate contra los microorganismos patógenos: un trabajo que hoy se publica en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences logra desentrañar una de las claves de la resistencia bacteriana a los antibióticos: mostraron a través de estudios estructurales, bioquímicos y microbiológicos dónde se registran los cambios moleculares que les permiten a los microorganismos desactivar estos fármacos.

“Desde que, hace un siglo y medio, Darwin publicó El origen de las especies , la palabra “evolución” designa el proceso de cambios genéticos que llevan a la aparición de nuevas especies o su adaptación a distintos ambientes -cuentan Alejandro Vila, del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario, del Conicet y la Universidad Nacional de esa ciudad, y Pablo Tomatis, autores del trabajo-. Algo menos conocido, sin embargo, es que no sólo evolucionan los organismos completos, sino también las moléculas. El concepto de evolución también se aplica a las proteínas y es crucial para la aptitud o supervivencia de los organismos, ya que permite que éstos se adapten a nuevas condiciones de su entorno. Sin embargo, el curso de la evolución de las proteínas no se entiende en su totalidad porque depende de una compleja interacción entre su secuencia, su estructura, su función y su estabilidad.”

En su intento de entender los mecanismos de resistencia de las bacterias patógenas a los antibióticos, Vila y Tomatis trabajan en unas enzimas (proteínas que catalizan reacciones químicas) llamadas metalobetalactamasas que les confieren esa capacidad. Es decir, la bacteria se defiende haciendo que evolucione esta proteína; lo que significa que todo un organismo depende de una proteína, una molécula.

Los científicos reprodujeron ese proceso in vitro, agregando mayores cantidades de antibióticos e induciendo mutaciones en la proteína. “Emulamos en el laboratorio el proceso natural de evolución de esta proteína -explica Vila-. Ya habíamos visto que podíamos tener una bacteria más resistente a los antibióticos haciendo evolucionar las betalactamasas. En este trabajo, logramos hacer evolucionar una de estas enzimas en el laboratorio y obtuvimos una más eficiente.”

El resultado los sorprendió: “Uno esperaría mutaciones en los sitios de contacto con el antibiótico. Lo raro es que los cambios que hacen que la enzima desactive más rápidamente los antibióticos ocurren lejos del sitio donde se une a éstos, algo que hubiera sido imposible de predecir racionalmente basándose en los enfoques convencionales. Es una idea que contradice la intuición”. Aislando un grupo de proteínas mutantes, los investigadores trazaron su estructura metalográfica y pudieron visualizar cada uno de los sitios en que la proteína va evolucionando, qué hacen y cómo se conectan entre sí. “Vemos que hay interacciones muy débiles que van de un punto a otro de la proteína y le dan mucha flexibilidad, de modo que se puede abrir y cerrar mucho más rápido en la cavidad donde se une con el antibiótico -dice Vila-. Lo que nos sorprende es que lo hace a distancia.”

El de las betalactamasas es un sistema modelo para estudiar la evolución en general de las proteínas y arroja también otras conclusiones. “Mostramos que estas proteínas que se hace mutar en el laboratorio permiten predecir futuros escenarios de resistencia y abren la puerta al diseño de nuevos antibióticos -afirma Vila-. Nuestra idea es adelantarnos a la evolución. Podemos anticipar en qué dirección va a ir la resistencia de las bacterias, con lo que este conocimiento tendría un carácter predictivo.”

Ciencia quiere que el CSIC absorba seis organismos de investigación diciembre 16, 2008

Posted by Manuel in ciencia, divulgación científica, política científica, sociedad.
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csic
A.RIVERA / M. RUIZ DE ELVIRA- El Pais Digital

Seis organismos públicos de investigación (OPI) serán absorbidos por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que pasará a añadir la palabra Tecnológicas a su nombre actual, si se mantiene la actual redacción de la nueva Ley de la Ciencia, a cuyo borrador ha tenido acceso este periódico. Unos 20.000 trabajadores, de los cuales 3.000 son científicos, de los OPI del Ministerio de Ciencia e Innovación se verían afectados por esta ley, que sustituiría a la que data de 1986. El texto, que no ha sido dado a conocer públicamente, está circulando mediante el boca a boca y causando ya un gran revuelo entre el personal de estos organismos y del CSIC. El plan ha producido incluso preocupación en el PSOE, según las fuentes consultadas.

La agencia estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CSICT), el nuevo superopi, se organizaría en tres divisiones con personalidad jurídica propia: Ciencias de la Vida, Ciencias y Tecnologías de la Materia, y Ciencias Humanas y Sociales. A estas divisiones quedarían adscritos el personal y los recursos actuales de los organismos suprimidos: el Instituto de Salud Carlos III, el Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias, el Instituto Geológico y Minero de España, el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas y el Instituto Español de Oceanografía. También está en el ánimo del ministerio que dirige Cristina Garmendia incluir el Instituto de Astrofísica de Canarias, que tiene una personalidad jurídica distinta, según las fuentes consultadas. Sin embargo, no entrarían ni el Instituto Nacional de Técnica Aerospacial, que depende del Ministerio de Defensa, ni los organismos dependientes del Ministerio de Fomento (como el Instituto Geográfico Nacional, del que depende el Observatorio Astronómico Nacional) o de otros ministerios.

El borrador de la nueva ley se estructura en cinco grandes capítulos (gobernanza, transferencia de tecnología, recursos humanos, OPI y medidas legislativas derivadas). La semana pasada, se presentaron al Consejo General de Ciencia y Tecnología, presidido por Garmendia, donde están representadas las comunidades autónomas, “los avances en el borrador de la nueva Ley de la Ciencia”, según el propio ministerio. Lo elabora una comisión de 25 expertos nombrados por Ciencia e Innovación que han venido trabajando desde el pasado verano. La elaboración atraviesa ahora una fase crítica debido a la presentación, con escaso debate previo, de esta propuesta de reestructuración de los OPI.

La principal crítica que el borrador suscita es que al excluir de este esquema a las universidades (transferidas a las comunidades autónomas), se pierde la oportunidad de coordinarlas en un sistema coherente de I+D, dado que realizan aproximadamente la mitad de la investigación científica en España. Y uno de los grandes interrogantes es con qué financiación se contaría para realizar esta reestructuración profunda.
Hoy se van a reunir los representantes de Comisiones Obreras de todos los organismos implicados. Este sindicato responsabiliza al secretario de Estado de Investigación, Carlos Martínez, del plan de reestructuración, que considera inaceptable. Partidario de reorganizar y coordinar los OPI, CC OO recuerda que propuso que todos ellos se convirtieran en agencias estatales, cuando se aprobó hace dos años la ley que las creó, pero el único que lo consiguió fue el CSIC, entonces presidido por Martínez.
Por otra parte, el Ministerio de Ciencia e Innovación tendrá dos grandes agencias de financiación: el Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI, antes en el Ministerio de Industria), que se ocuparía de los programas de contenido más tecnológico y de ciencia aplicada, y una nueva agencia de financiación y evaluación de proyectos de investigación fundamental.

Investigadores con contrato laboral

Un capítulo clave del borrador de la nueva ley de la ciencia es el de recursos humanos, la definición de la carrera científica en los Organismos Públicos de Investigación (OPI). Sobre este tema ha habido disparidad de posturas en la comisión que trabaja en el borrador. Hasta ahora, la mayoría de los científicos consolidados de dichos organismos son funcionarios. Sin embargo, la idea es que todas las nuevas plazas se convoquen como contratos laborales. Además, aparecen dos nuevas figuras: la de científico con contrato fijo consolidado (el denominado tenure track en el ámbito anglosajón) y el contrato superior para investigadores distinguidos, o senior.

Se contemplan dos carreras especializadas: la de científicos y la de tecnólogos, cada una con diferentes grados, que incluyen la posibilidad de ascender manteniendo la función laboral.

El esquema general incluye un primer nivel de contratos predoctorales, seguido de los postdoctorales, que serían científicos en prácticas. Después estarían los tenure track con sucesivos grados -durante un tiempo se adscribirían paralelamente a este nivel los científicos funcionarios actuales con sus respectivas escalas-, y por encima estaría la nueva figura de los seniors. Algunos sectores ponen reparos a que estas carreras sean a partir de ahora las únicas posibles, excluyendo a los funcionarios.
En el caso de institutos mixtos se mantendrían las dos líneas laborales independientes: el personal de los OPI renovados y el de las universidades (transferidas a las comunidades autónomas).

Los organismos afectados
CSIC. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Añade Tecnológicas (CSICT). Presupuesto: 622,81 millones de euros.
ISCIII. Instituto de Salud Carlos III. 367,25 millones.
IEO Instituto Español de Oceanografía. 68,05 millones.
Ciemat. Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas . 111,06 millones.
IGME. Instituto Geológico y Minero de España. 40,09 millones.
INIA. Instituto de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria. 83,16 millones.
IAC. Instituto de Astrofísica de Canarias. 20,11 millones.