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Fósiles que sirven de evidencias de la Creación enero 7, 2009

Posted by Manuel in ateismo, biologia, ciencia, creacionismo, divulgación científica, escepticismo, evolucion, geología, paleontología.
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Algunos creacionistas dicen contar con evidencias experimentales que contradicen por completo la teoría de la evolución y por tanto, según ellos, es necesaria una creación divina para explicar la biodiversidad de nuestro planeta. Veamos algunas de esas evidencias.

Coexistencia de huellas de humanos y dinosaurios
paluxy
En las cercanías del rio Paluxy, Texas, acreditan haber localizado huellas humanas dentro de pisadas de dinosaurios, en el mismo estrato geológico. Este hallazgo, de ser cierto, sin duda, supondría un duro revés al modelo geológico actual. Estos presuntos fósiles pueden ser observados en el Creation Evidence Museum, en Glen Rose, Texas. El museo está dirigido por Carl Baugh.

Es interesante pararse un minuto a comprobar quién es este personaje para entender de qué va todo esto. Baugh es presidente de la Pacific Internacional University, una universidad con 1989 alumnos matriculados que entrega títulos no homologados por la autoridades académicas de EEUU. El propio Baugh posee un “doctorado” y un “máster” en Arquelogía emitidos por la institución que dirige. Si alguien quiere conocer alguna de las excentricidades de este tipo puede ver este
Vídeo

Eso da poca credibilidad del director del museo, pero ¿qué sabemos del fósil?. Éste ha sido reconocido por paleontólogos que han confirmado que hay dos tipos de huellas, uno procedente de pisadas parciales de dinosaurios y otros que aparentemente son falsificaciones. En este sentido, un descendiente de la familia que encontró las huellas en el rio Paluxy reconoció la falsedad de las misma, implicando a su abuelo como uno de los autores de esa falsificación (“Human footprints along with dinosaurs tracks?. Por Bud Kennedy, 10-agosto-2008. Forth Woth Star Telegram).

El dedo fósil humano

De nuevo nos encontramos ante un fósil que posee Carl Baugh en su museo. El propio Baugh lo describe como un dedo humano fosilizado encontrado en un terreno que se asegura que pertenece al Cretáceo.
dedo-fosil
Este fósil ha sido estudiado por TAC en el propio museo llegando a la conclusión de que se puede observar el hueso en el interior de este hueso petrificado.
tac-dedo
Por suerte Baugh ha permitido que el “dedo” haya sido analizado por paleontólogos independientes que han llegado a las siguientes conclusiones:
(i) no hay una correspondencia anatómica real con un dedo, la “uña” es más estrecha en la base en su final, no se observa ninguna característica anatómica de dedo (líneas, etc)
(ii) es inconsistente con lo que se conoce acerca de la fosilización de partes blandas.
(iii) ausencia de restos del “dueño” de ese dedo.
(iv) no se observa ningún trauma que indique una pérdida accidental del dedo.
(v) el TAC no muestra un hueso interior, sino una zona de mayor densidad en la parte de mayor engrosamiento, algo que se correlaciona bien con un material rocoso.
(vi) ninguno de los fósiles localizados e identificados en el área de Texas donde se ha encontrado este “dedo” se ha observado una conservación con estas características.
(vii) todo ello lleva a pensar que estamos ante anomalía geológica, una forma rocosa caprichosa, cómo hay miles diseminadas por ahí.

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El martillo de Londres

En el año 1936 una pareja encontró, mientras hacía excursionismo, un martillo incrustado en roca, en las cercanías de Londres (Texas).
london-hammer
Esta pieza, como no, de nuevo cayó en manos de Carl Baugh para su museo de evidencias del creacionismo. Aparentemente el martillo se encuentra incrustado en rocas limoníticas, pero no ha sido identificado exactamente el lugar exacto de encuentro.
Es importante decir que algo parecido se encontró en 2004 Stromberg, dónde se comprobó que un martillo minero abandonado por más de 200 años en terreno limolítico fue embebido por la roca. También es importante indicar que testimonios independientes han señalado que el martillo se encontró como una roca suelta, a pesar de que Baugh y sus colaboradores insisten en informar que este martillo se encontraba incrustado en estratos. En cualquier caso no hay evidencias fotográficas del hallazgo ni tampoco hay marcas de haber sido desprendido de una roca madre, tal y como se esperaría en caso de estar incluidas en estratos.

Ha sido muy difícil acceder al martillo para poder analizarlo. De los propios análisis de los colaboradores de Baugh se puede decir que:
(i) No ha habido acuerdo en Baugh y sus colaboradores acerca de la época del estrato en que fue encontrado. Ordoviciano para Baugh (1983, 1986 y 1987), o Silúrico para Walter Lang (1983) y Bartz (1984).
(ii) Baugh afirma que es un artefacto pre-diluviano, algo que no es apoyado por otros creacionistas del ICR o del CRSQ.
(iii) John Cole, uno de los pocos geólogos con acceso al martillo afirma que la concreción que rodea al martillo no es tan antigua como asegura Baugh.
(iv) El estilo del martillo es el mismo que el usaban los mineros del siglo XIX.
(v) Durante mucho tiempo Baugh se negó a hacer la prueba del carbono-14 al martillo. Finalmente él mismo la hizo concluyendo que los resultados eran confusos, y que su edad oscila entre el momento actual y los 700 años de antigüedad.
(vi) Tampoco se han podido determinar los microfósiles asociados a la roca que rodea el martillo, aunque esto no es determinante ya que se ha demostrado cómo rocas antiguas han llegado a rodear objetos de la Segunda Guerra Mundial (McKusick y Shinn, 1980 “Bahamian Atlantis reconsidered”, Nature col. 287: 11-12).
(vii) No hay evidencias de petrificación del mango de madera, a pesar de la opinión de Baugh.
(viii) Por todo ello parece que este martillo es una rareza arqueológica, no un fósil.

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Estas tres historias tienen en común cómo algunos creacionistas retuercen la realidad en su propio interés, ya sea material (preferentemente) o espiritual. Y esto que digo no es gratuito, a pesar de todos los datos que se posee indicando la naturaleza de las “pruebas” almacenadas en su museo, Baugh sigue dando conferencias y defendiendo la autenticidad de las mismas. La credulidad humana no tiene fronteras…

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Hay evolución más allá de Darwin enero 7, 2009

Posted by Manuel in biologia, ciencia, divulgación científica, evolucion, microbiologia.
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La continuidad y unidad de la vida se ponen de manifiesto en la uniformidad de los sistemas genéticos y en la constancia de la composición molecular de los organismos. La vida es químicamente conservadora. La biología molecular demuestra que toda la vida actual procede de unos antepasados comunes. Nuestro DNA proviene de las mismas moléculas que estaban presentes en las células primitivas. La evolución conecta la vida a través del tiempo. Cada uno de nosotros es la consecuencia de una serie de replicaciones sucesivas del DNA primigenio que no se ha interrumpido jamás.

La visión de la evolución como una lucha crónica y encarnizada entre individuos y especies, es decir, “uñas y garras”, es una distorsión interesada de la idea darviniana de la “supervivencia del más apto”. Actualmente se va imponiendo una nueva imagen de cooperación continua, estrecha interacción y mutua dependencia entre las diversas formas de vida. La vida no ocupó la Tierra tras un combate, sino extendiendo una red interactiva por su superficie. Anton De Bary (1831-1888), botánico alemán, observó que los líquenes consistían en la unión de un hongo y un alga. Acuñó la palabra simbiosis (1873) para describir la vida en común de tipos diferentes de organismos con mutuo beneficio. Hoy día damos al término un sentido más amplio, y no suponemos que tenga que haber beneficio, por lo menos a corto plazo. A partir del estudio por ordenador de El origen de las especies, se ha analizado un total de 200000 palabras y se ha anotado el número de veces que sale una determinada. Algunos ejemplos: especie (1803 veces), selección (540), individuo (298), perfección (274), raza (132), destrucción (77), exterminio (58), matar (21). Sin embargo, no sale ninguna vez cooperación, asociación, colaboración, interacción, o similares, es decir, simbiosis, siguiendo a De Bary. Pero hoy día no es posible entender la biología de los eucariotas sin reconocer el origen bacteriano de mitocondrias y cloroplastos, y que las asociaciones simbióticas, lejos de ser una rareza, constituyen un factor esencial en la evolución de la biosfera. Pero eso, Darwin, no podía saberlo.

Otras de las muchas cosas que Darwin ignoraba al escribir El origen de las especies eran los mecanismos de la herencia. Mendel no había publicado sus experimentos y no se conocían los papeles precisos del óvulo y el espermatozoide. Tampoco sabía bien qué eran las bacterias (ni Pasteur ni Koch habían hecho sus grandes descubrimientos), ni la enorme potencialidad metabólica y genética de los microorganismos. De los casi cuatro mil millones de años de historia de la vida sobre la Tierra, en el 85% de ese tiempo los microorganismos han sido sus únicos habitantes. Ellos fueron los inventores de todas las estrategias metabólicas que conocemos. Esas estrategias generalmente acertaban, pero también cometían errores. Un error metabólico, la producción de oxígeno, originó la vida aerobia; uno estratégico, la endosimbiosis, originó la célula eucariota.

La simbiosis con microorganismos es un motor de la evolución. Un claro ejemplo son los pulgones. Un pulgón es un insecto parásito de plantas, a las que extrae savia para alimentarse. Además, tiene dentro de las células de su intestino miles de millones de individuos de, por lo menos, dos especies bacterianas. El pulgón y sus bacterias endocíticas han evolucionado conjuntamente desde hace 150 millones de años. Esa larga coevolución ha originado una dependencia mutua: las bacterias no pueden vivir fuera del insecto y el pulgón necesita las bacterias para obtener aminoácidos. En general nos fijamos sólo en el insecto y hablamos del pulgón; pero un “pulgón” es algo más, es él y “sus circunstancias”. Y sus circunstancias son estas bacterias imprescindibles para su supervivencia. No obstante, y a pesar de su “ignorancia”, Darwin fue capaz de dar una teoría coherente que explicaba el cambio de los seres vivos a través del tiempo. Y si hubiera reparado en los muchos ejemplos de simbiosis que jalonan la escala evolutiva, habría reconocido la importancia del enfoque eco-evo para interpretar la evolución.

Tomado de “Darwin y los microbios”, escrito por el Dr. Ricardo Guerrero para la revista “Actualidad de la Sociedad Española de Microbiología”.