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Hay evolución más allá de Darwin enero 7, 2009

Posted by Manuel in biologia, ciencia, divulgación científica, evolucion, microbiologia.
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La continuidad y unidad de la vida se ponen de manifiesto en la uniformidad de los sistemas genéticos y en la constancia de la composición molecular de los organismos. La vida es químicamente conservadora. La biología molecular demuestra que toda la vida actual procede de unos antepasados comunes. Nuestro DNA proviene de las mismas moléculas que estaban presentes en las células primitivas. La evolución conecta la vida a través del tiempo. Cada uno de nosotros es la consecuencia de una serie de replicaciones sucesivas del DNA primigenio que no se ha interrumpido jamás.

La visión de la evolución como una lucha crónica y encarnizada entre individuos y especies, es decir, “uñas y garras”, es una distorsión interesada de la idea darviniana de la “supervivencia del más apto”. Actualmente se va imponiendo una nueva imagen de cooperación continua, estrecha interacción y mutua dependencia entre las diversas formas de vida. La vida no ocupó la Tierra tras un combate, sino extendiendo una red interactiva por su superficie. Anton De Bary (1831-1888), botánico alemán, observó que los líquenes consistían en la unión de un hongo y un alga. Acuñó la palabra simbiosis (1873) para describir la vida en común de tipos diferentes de organismos con mutuo beneficio. Hoy día damos al término un sentido más amplio, y no suponemos que tenga que haber beneficio, por lo menos a corto plazo. A partir del estudio por ordenador de El origen de las especies, se ha analizado un total de 200000 palabras y se ha anotado el número de veces que sale una determinada. Algunos ejemplos: especie (1803 veces), selección (540), individuo (298), perfección (274), raza (132), destrucción (77), exterminio (58), matar (21). Sin embargo, no sale ninguna vez cooperación, asociación, colaboración, interacción, o similares, es decir, simbiosis, siguiendo a De Bary. Pero hoy día no es posible entender la biología de los eucariotas sin reconocer el origen bacteriano de mitocondrias y cloroplastos, y que las asociaciones simbióticas, lejos de ser una rareza, constituyen un factor esencial en la evolución de la biosfera. Pero eso, Darwin, no podía saberlo.

Otras de las muchas cosas que Darwin ignoraba al escribir El origen de las especies eran los mecanismos de la herencia. Mendel no había publicado sus experimentos y no se conocían los papeles precisos del óvulo y el espermatozoide. Tampoco sabía bien qué eran las bacterias (ni Pasteur ni Koch habían hecho sus grandes descubrimientos), ni la enorme potencialidad metabólica y genética de los microorganismos. De los casi cuatro mil millones de años de historia de la vida sobre la Tierra, en el 85% de ese tiempo los microorganismos han sido sus únicos habitantes. Ellos fueron los inventores de todas las estrategias metabólicas que conocemos. Esas estrategias generalmente acertaban, pero también cometían errores. Un error metabólico, la producción de oxígeno, originó la vida aerobia; uno estratégico, la endosimbiosis, originó la célula eucariota.

La simbiosis con microorganismos es un motor de la evolución. Un claro ejemplo son los pulgones. Un pulgón es un insecto parásito de plantas, a las que extrae savia para alimentarse. Además, tiene dentro de las células de su intestino miles de millones de individuos de, por lo menos, dos especies bacterianas. El pulgón y sus bacterias endocíticas han evolucionado conjuntamente desde hace 150 millones de años. Esa larga coevolución ha originado una dependencia mutua: las bacterias no pueden vivir fuera del insecto y el pulgón necesita las bacterias para obtener aminoácidos. En general nos fijamos sólo en el insecto y hablamos del pulgón; pero un “pulgón” es algo más, es él y “sus circunstancias”. Y sus circunstancias son estas bacterias imprescindibles para su supervivencia. No obstante, y a pesar de su “ignorancia”, Darwin fue capaz de dar una teoría coherente que explicaba el cambio de los seres vivos a través del tiempo. Y si hubiera reparado en los muchos ejemplos de simbiosis que jalonan la escala evolutiva, habría reconocido la importancia del enfoque eco-evo para interpretar la evolución.

Tomado de “Darwin y los microbios”, escrito por el Dr. Ricardo Guerrero para la revista “Actualidad de la Sociedad Española de Microbiología”.

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