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La ciencia en la época de Darwin (II)

Artículo extraído del libro “Darwin: de la creación a la evolución”, de Francisco Pelayo.

Cuvier y el catastrofismo geológico

El catastrofismo geológico fue promulgado por el paleontólogo francés George Cuvier. Profesor en París en el Museum Nacional d´Histoire Naturelle, Cuvier desarrolló un programa de investigación en paleontología basado en el estudio de restos óseos de mamíferos. Dedujo de la comparación anatómica entre formas fósiles y actuales la existencia de extinciones de seres vivos en el pasado, y que los restos fósiles pertenecían a organismos que habían sido exterminados por alguna catástrofe geológica. Posteriormente, los organismos extinguidos se habían visto reemplazados por los que se encontraban en la actualidad.

La teoría de la Tierra de Cuvier se desarrolló con el estudio geológico de la cuenca de París. Observó una alternancia de terrenos marinos y continentales y su interpretación fue que en el pasado habían tenido lugar periódicamente grandes inundaciones y cataclismos geológicos, que exterminaban a las especies terrestres existentes, y que iban seguidas de la aparición de nuevas especies que sustituían a las extinguidas.

En síntesis, por tanto, el catastrofismo geológico de Cuvier venía a decir que del estudio del registro geológico se desprendía que en el transcurso de la historia de la Tierra habían tenido lugar súbitas catástrofes universales, que habían actuado sobre la superficie terrestre, asolando todo a su paso y exterminando a los seres vivos existentes en ese momento. Estas revoluciones geológicas, o cambios de gran magnitud en la configuración de la Tierra, sólo podían ser explicadas por la acción repentina y violenta de fuerzas de una naturaleza devastadora y por procesos de carácter fuera de lo normal, que no se daban en el presente. Por tanto, como en la actualidad no tenían lugar tales cataclismos universales, había que considerar que en el pasado las causas que habían provocado los cambios geológicos habían sido diferentes, tanto en su naturaleza como en su intensidad, de las que operaban en el presente. Posteriormente, después de cada catástrofe, la Tierra se había poblado con nuevos organismos, fuera de nuevas creaciones o por emigración desde otras áreas geográficas. La última de estas catástrofes, que se recogía en las tradiciones de la mayoría de los pueblos, había sido, según Cuvier, el diluvio universal de la Biblia.

Lyell y el actualismo

El actualismo, y el uniformismo geológico, fue sostenido durante el S. XIX por el geólogo británico Charles Lyell en su obra Principles of Geology (1830-1833; Principios de Geología), cuyo primer volumen llevó consigo Darwin cuando partió en su viaje del Beagle. La traducción del título completo del libro de Lyell al español es Principios de geología, que intentan explicar los cambios ocurridos en el pasado sobre la superficie de la Tierra, por referencias a las causas que actúan en el presente. Esta es la idea básica del actualismo: explicar todos los cambios que habían tenido lugar a lo largo de la historia de la Tierra por la acción de las mismas causas o procesos físicos y geológicos que actúan en el presente. Lyell, además, sostenía la uniformidad en la acción de las causas, ya que pensaba que en el pasado los procesos geológicos habían actuando al mismo ritmo lento y gradual que se observaba en la actualidad y habían operado con la misma intensidad en el presente. En otras palabras, no habían sido más enérgicos en el pasado, ya que no habían ocurrido ni diluvios ni catástrofes universales como postulaban los catastrofistas. De todo esto, es decir las causas y los procesos geológicos del pasado y el presente de la misma naturaleza, que actuaban con la misma energía y el mismo ritmo lento, deducía una historia de la Tierra uniforme y cíclica. De aquí el término de geología uniformitaria con la que se conoce al sistema de Lyell. Asimismo, el ritmo de actuación lento presuponía una gran duración de los tiempos geológicos, lo que se oponía a los escasos 6.000 años de antigüedad de la Tierra deducidos de una lectura literal de la Biblia, y que un estricto catastrofismo geológico, por la rapidez de actuación de las causas cataclísmicas, podían asumirse fácilmente.

La obra de Lyell, dividida en tres volúmenes, que conoció 12 ediciones hasta la muerte de su autor, dedicaba sus primeros capítulos a una historia crítica de la geología. Lyell rechazaba las explicaciones catastrofistas y las que planteaban la exacta correspondencia entre la Biblia y los datos proporcionados por la geología histórica y la paleontología, considerando que ambos planteamientos habían retrasado el progreso científico. El modelo geológico uniformista de Lyell se basaba en la acción contínua de fenómenos acuosos (factores fluviales, corrientes marinas, olas costeras, etc) e ígneos (vulcanismo, seísmos), responsables de la erosión (destrucción), el transporte y la sedimentación (formación de nuevos depósitos).

Lyell dedicó una parte de su trabajo a discutir las hipótesis progresionista del desarrollo de la vida defendida por los catastrofistas y a criticar la transmutación de las especies propuesta por Lamarck. Frente a los primeros, Lyell afirmó que la observación no confirmaba la existencia de una progresión en la manera en que habían ido apareciendo los animales sobre la Tierra. Sugería que los mamíferos, los animales más complejos desde un punto de vista orgánico, podían haber existido en el paleozoico, la era geológica más antigua, pero que sus restos aún no se habían encontrado. En contra de Lamarck, Lyell mantuvo que las especies tenían una existencia real y limitada en la naturaleza. Para él existía un equilibrio en el número de especies, de manera que la extinción de ciertas especies se veía compensada por la aparición de otras nuevas. Debía existir, por tanto, una fuerza o poder creativo y renovador, reemplazando las especies extinguidas, y que permitía que el conjunto de la fauna permaneciera uniforme o estacionario a nivel global. Años más tarde, Lyell terminaría aceptando la teoría evolucionista de Darwin.

Comentarios»

1. pauloarieu - julio 1, 2008

Me copie este artículo,Manuel.
Saludos


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