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Hallada en México una lagartija de 23 millones de años atrapada en ámbar noviembre 18, 2008

Posted by Manuel in biologia, ciencia, creacionismo, evolucion, geología, paleontología.
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Imagen de la lagartija atrapada en ámbar– EFE

El cuerpo de una lagartija de más de 23 millones de años ha sido localizado en el interior de una pieza de ámbar en una mina del Estado de Chiapas, en el sureste de México. El reptil, que mide sólo diez centímetros, es probablemente el animal más grande del que se tenga conocimiento encontrado en ámbar, una resina fósil utilizada en Chiapas para la elaboración de esculturas, joyería y artesanía, ha explicado Iván Milani, responsable de la pieza, bautizada como Cocodrilo.

Además del cuerpo completo y parte de la cola de la lagartija, en la pieza de ámbar se observan las ya extintas hormigas Leptomyrmex mordiendo al reptil, además de un grillo, peces polilla y restos vegetales. Milani ha destacado que la lagartija está «casi completa». El hallazgo lo realizó en marzo pasado un minero de Simojovel, una zona de Chiapas donde están las únicas vetas de ámbar de México. «Al estar puliendo la pieza, el minero se dio cuenta de lo que había dentro y nos la trajo», ha señalado Milani, responsable del museo Piedra Escondida, en donde se exhibe de manera gratuita la piedra amarilla rojiza de aproximadamente 15 centímetros de diámetro.

Chiapas, estado fronterizo con Guatemala, posee una denominación de origen para su ámbar, que obliga a sus artesanos, artistas y orfebres a realizar la extracción de la resina a mano. «Se utilizan algunas herramientas como pequeños taladros, puntas de diamante. Vas más lento pero con más cuidado, lo que obviamente le da mayor valor al ámbar, y permite que se encuentran sorpresas como esta», ha indicado Milani.

Según el experto, este es probablemente el organismo animal vertebrado más grande del que se tenga conocimiento atrapado en esta sustancia. Milani ha contado que en el mundo han sido descubiertas alrededor de 30 lagartijas suspendidas en ámbar pero normalmente miden entre tres y seis centímetros. Probablemente «una gota de resina debió caerle encima a temperaturas muy elevadas hace aproximadamente 23,3 millones de años, que es el tiempo que tiene el ámbar chiapaneco», ha explicado.

La anatomía del reptil y de los otros organismos en el interior de la pieza está siendo estudiada por el biólogo del Museo de Paleontología de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez (capital de Chiapas), Gerardo Carbot. El museo Piedra Escondida posee una colección de 10.000 piezas de ámbar con insectos, vegetales y restos minerales, testimonio de la vida en la Tierra hace millones de años.

Descubierto en Cantabria el mayor yacimiento europeo de ámbar del Cretácico noviembre 6, 2008

Posted by Manuel in biologia, ciencia, creacionismo, divulgación científica, evolucion, geología, paleontología.
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GUSTAVO CATALÁN DEUS- El Mundo Digital

Devastadores incendios en el Cretácico inferior en la actual Cantabria forjaron el mayor y más fructífero yacimiento de ámbar de Europa. Hace 110 millones de años, las exudaciones de resina de las coníferas que crecían en las tierras emergidas se calentaron súbitamente con esos fuegos, y en su colada hacia la tierra atraparon numerosos insectos que hoy se pueden ver en trozos de ámbar recién recuperados. La comarca donde esto sucedió cuando los dinosaurios dominaban el territorio y los insectos comenzaron su labor de dispersión del polen y por lo tanto empezaron a fecundar de flores la Tierra, se llama El Soplao. Viene de las corrientes de aire que los mineros del plomo provocaban cada vez que perforaban y comunicaba las cavidades subterráneas.

Hoy, lo que queda de todo esto es el que ya se puede definir como el mayor yacimiento europeo de ámbar del Cretácico, con las mejores bioincrustaciones halladas hasta el momento y una fuente inagotable de conocimientos de nuestro pasado. Idoia Rosales, investigadora del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), ha sido su descubridora, junto con María Najarro, que prepara su tesis doctoral. «Íbamos marcando estratos rocosos y llegamos aquí», dice señalando la cuneta de la carretera recién abierta, «donde comenzó a salir el ámbar en gran cantidad. Cada vez más», explica a elmundo.es. La sedimentóloga avisó al IGME y sus especialistas le confirmaron que era excepcional lo hallado.

Esto ha ocurrido hace sólo unos meses. El viernes pasado terminaron su primera excavación de sólo 15 días. Lo hallado es una joya. No sólo se trata de un ámbar de color púrpura inédito hasta ahora, sino que en sólo cuatro días de laboratorio han descubierto siete nuevas especies de insectos. «Cuando logremos analizar el material sladrán un centenar de nuevas especie», declaró Enrique Peñalver, paleontómolologo del IGME, una institución dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación.
El yacimiento fue presentado públicamente por los investigadores y el consejero de Cultura de Cantabria, José Francisco López Marcano y el director de la empresa que explota actualmente las minas de El Soplao como parque temático, ya visitado por un millón de personas.

Xavier Delclòs, investigador de la Universidad de Barcelona y especialista desde 1986 en insectos fósiles, explicó que «durante las labores de tamizado de la pasada semana observamos algunas masas con lupa de mano y detectamos siete insectos, circunstancia realmente anormal en otras excavaciones y claro indicativo de que este ámbar de El Soplao es muy rico en insectos”. De estos siete ejemplares vistos por casualidad durante el lavado, dos de ellos son avispas que con toda seguridad corresponderán a géneros y especies nuevas. Una de ellas es una hembra que muestra el aparato de poner los huevos al final de su abdomen.

El tercer ejemplar, que ha llamado la atención de los investigadores, es una mosca que presenta una morfología muy peculiar y que nunca había sido encontrada en ámbar español. Con seguridad corresponde también a una especie no descrita. El resto de ejemplares son más habituales, salvo otra avispa de la familia de los Megaspilidae que es muy escasa en el registro fósil. «Estas son sólo las siete muestras que hemos podido ver esta semana», continúa Delclòs. «Una vez preparado todo el ámbar, que hemos obtenido en la excavación posiblemente lleguemos muy cerca del centenar de insectos».

Chupadores de dinosaurios septiembre 11, 2008

Posted by Manuel in ciencia, creacionismo, diseño inteligente, divulgación científica, evolucion, geología.
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Hace unos 110 millones de años, cerca de la actual localidad cántabra de Rábago, un mosquito ceratopogónido se encaramó al ojo de un dinosaurio iguanodonte y le succionó la sangre. Tras el atracón, voló hasta un frondoso bosque de coníferas, en la costa del Mar de Tetis, y quedó atrapado en la resina.

Fuente: Público

Allí sigue, congelado en un pedazo de ámbar. Una fotografía perfecta del Cretácico Inferior. Pero aquella masa boscosa es ahora la cuneta de la carretera de acceso a la cueva de El Soplao, a 80 kilómetros de Santander. El pasado febrero, dos científicas del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) se encontraron en la Sierra del Escudo de Cabuérniga con el que parece uno de los yacimientos de ámbar más importantes de la época, más de 40 millones de años antes de que un meteorito provocara la extinción de los dinosaurios.

El principal interés del ámbar de Rábago es la abundancia de insectos encerrados en esta resina vegetal fosilizada. Los investigadores han analizado sólo algunas piezas recogidas sin más en el desangelado arcén y han encontrado avispas, escarabajos, chinches, moscas, mosquitos chupadores de sangre y otros artrópodos. Casi todos, de especies desconocidas para la ciencia. «Es un yacimiento excepcional, como si alguien hubiera tirado allí kilos y kilos de ámbar», explica, todavía sorprendido, el especialista en insectos fósiles del IGME Enrique Peñalver. Y todavía no se sabe qué hay bajo la tierra. De momento, Peñalver se frota las manos. El Cretácico Inferior es el periodo geológico en el que aparecieron grupos de insectos tan importantes como las hormigas, y Rábago puede despejar muchas incógnitas.

La instantánea tomada por el ámbar en el Cretácico no sólo sirve para describir nuevas especies. También da información sobre su comportamiento. En la resina aparecen hormigas acarreando a sus presas, insectos copulando, telas de araña y, a buen seguro, habrá otras sorpresas. «Un hallazgo increíble sería encontrar una pluma de dinosaurio con un parásito, como un piojo o una liendre. O un pelo de algún mamífero», expone el geólogo. Según el equipo científico, la veta puede contener miles de insectos atrapados en el tiempo.

El hallazgo ha resucitado la fantasiosa idea, reflejada en la película Parque Jurásico, de clonar dinosaurios a partir del ADN encontrado en los mosquitos chupadores de sangre contenidos en el ámbar. Para Peñalver, es absolutamente impensable. El ADN es una molécula que se degrada en seguida y, por otro lado, el ámbar ha conservado en buenas condiciones los exoesqueletos de los insectos, pero no su aparato digestivo. «Además, aunque reconstruyéramos los cromosomas de los dinosaurios, necesitaríamos un óvulo de esa especie para poder clonarlos», sostiene.

El filón de Rábago, en cualquier caso, es una rara avis. Los yacimientos con ámbar del Cretácico Inferior son muy escasos en todo el mundo. Y la presencia de bioinclusiones – insectos, pelos, plumas – es aún más extraña. Además de en varios puntos de Álava y San Just (Teruel), existen depósitos similares sólo en Líbano, Jordania, Reino Unido y Austria. Por ello, el director de la cueva de El Soplao, Fermín Unzúe, cree que se hallan ante «una nueva Atapuerca». Quizá, especulan, esta ingente cantidad de ámbar es el fruto de la acumulación en el estuario de un río tras una tormenta. La solución podría llegar en noviembre, cuando comiencen las excavaciones, que darán trabajo a varias generaciones de investigadores.

En opinión de la geóloga Idoia Rosales, descubridora de la veta de Rábago junto a su colega María Najarro, el estudio de los fósiles encerrados en el ámbar también arrojará luz sobre los cambios climáticos del pasado. Hoy, el entorno de la cueva de El Soplao está dominado por robles, hayas y abedules. Pero, en el periodo Cretácico, la concentración atmosférica de dióxido de carbono, responsable del efecto invernadero, era mucho mayor a la actual y la temperatura pudo ser entre seis y 12 grados superior. Los bosques resiníferos, habitados por dinosaurios emplumados del tamaño de una paloma, estaban poblados por especies de coníferas ya extintas y ginkgos. «Es un poco controvertido, pero algunos investigadores piensan que las burbujas de aire atrapadas en el ámbar nos pueden servir para conocer cómo era la atmósfera de la época», dice con esperanza Rosales. Aire del Cretácico Inferior en el siglo XXI.

La edad del ámbar lo hace, a su vez, idóneo para estudiar uno de los momentos cruciales en la evolución de los ecosistemas terrestres: la aparición de las angiospermas, las plantas con flores. Si alguien viajara en el tiempo a un bosque de hace 110 millones de años, lo primero que le llamaría la atención sería la ausencia de flores. Fue en el Cretácico Inferior cuando las recién nacidas angiospermas, ayudadas por los insectos polinizadores, consiguieron expulsar a los helechos de los bosques.

Hoy, en la cuneta de la carretera de acceso a El Soplao, tampoco hay muchas flores. Dos lonas de unos 100 metros cuadrados tapan el yacimiento y un vigilante de seguridad custodia la zona durante 24 horas al día para evitar la actuación de los expoliadores. Poco después de anunciarse el hallazgo, un grupo de personas intentó llevarse fragmentos de ámbar situados en la ladera. Al ser piezas únicas, con insectos no encontrados en ningún otro lugar del mundo, pueden alcanzar un valor incalculable en el mercado negro. El Parque Cretácico cántabro, prácticamente indefenso, vale ya millones de euros.

Autor: Manuel Ansede