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El instinto de la religión diciembre 24, 2009

Posted by Manuel in ateismo, biologia, ciencia, divulgación científica, escepticismo, evolucion, pseudociencia, religión, sociedad.
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Benedicto XVI, durante la tradicional felicitación navideña a la Curia romana en el Vaticano, celebrada el lunes. | Efe

Julio Valdeón Blanco- El Mundo

La Navidad ilumina las calles de Nueva York, la selva de neones y adornos, una ciudad donde, curiosamente, está mal visto decir ‘Feliz Navidad’. Lo correcto es exclamar ‘felices fiestas’, por aquello de la prodigiosa variedad de creencias que pueblan su censo. Para avivar el fuego sagrado o discutirlo, con ánimo polemista pero también corrección política, Nicholas Wade acaba de publicar The faith Instinct: How religion evolved and why it endures, o sea, El instinto de fe: Cómo la religión evolucionó y porqué sobrevive
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Dicho de otra forma, Wade, prestigioso periodista científico de , hace el recuento del gen de Dios, es decir, de la posibilidad, cada día más confirmada de forma empírica, de que el nacimiento y desarrollo de la religión esté relacionado con la evolución de la especie en términos biológicos, con la idea de que el hecho religioso, la consolidación de unas creencias en lo sobrenatural y la aparición de rituales, jerarquías, etc., que apoyaran la naciente cosmogonía, haya sido fundamental en el progreso del hombre. De esto, infieren Wade y muchos otros científicos, la creencia en el más allá se ha transformado en instinto natural merced a la selección natural. Creer en Dios, resumiendo, sería una cuestión de biología lironda. Seguir leyendo AQUÍ

La red cerebral de las creencias religiosas marzo 16, 2009

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ISABEL F. LANTIGUA- El Mundo Digital

Sin entrar en el debate sobre la existencia o no de Dios, lo que es indudable es que las religiones y la fe sí existen. Están presentes en todas las sociedades y culturas y son un rasgo único y exclusivo de los seres humanos. Investigadores de los Institutos Nacionales de Trastornos Neurológicos de EEUU han logrado ver, gracias a las técnicas de imagen cerebral, dónde se localizan estas creencias y cómo entran en funcionamiento.

“Nuestros pensamientos religiosos están mediados por unas regiones del cerebro que han evolucionado con el paso del tiempo y que sirven para otras funciones, entre ellas la de reconocer las intenciones de las personas. Además están relacionadas con las emociones y la memoria”, explica a elmundo.es Jordan Grafman, principal autor del estudio que se publica en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Science’. “Las creencias religiosas forman una pequeña parte de un proceso cognitivo mucho más amplio, del que no se pueden separar”, añade este especialista.
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Áreas del cerebro que están involucradas con la creencia en Dios. (Foto: NIH)

El equipo analizó tres componentes de estas creencias en 66 individuos: cómo percibían la implicación de Dios con el mundo, la emoción provocada por la fe y las propias experiencias religiosas. Mediante diversos test e imágenes de resonancia magnética, los autores midieron la función cerebral de los participantes ante afirmaciones del tipo ‘Dios guiará mis actos’, ‘Dios está siempre presente’ o ‘Nos castigará o recompensará al final de la vida’, entre otras. Así observaron que las áreas cerebrales que se activaban al escuchar cuestiones de religión se situaban en el lóbulo temporal – que desempeña un papel importante en el reconocimiento de las caras y en el lenguaje- y el lóbulo frontal -implicado en la memoria y el juicio-.

“De la misma manera en la que juzgamos a los demás y evaluamos sus acciones, evaluamos a Dios, pues las áreas cerebrales implicadas en ambos procesos son las mismas”, argumenta Grafman. No obstante, aunque estas sean las áreas implicadas, las regiones concretas que entran en funcionamiento difieren si el individuo ama a Dios o si, por el contrario, siente ira hacia él, al igual que ocurre con los sentimientos de simpatía o antipatía hacia cualquier otra persona.

Enseñanzas recibidas

Otro de los aspectos que comprobaron los autores del nuevo trabajo es que en la formación de estas creencias tienen mucho que ver las enseñanzas recibidas. Una de las fuentes necesarias para el conocimiento de las religiones es la doctrina, un conjunto de proposiciones que los creyentes aceptan como verdaderas a pesar de que no pueden verificarlo personalmente. La mayor parte de la doctrina religiosa tiene un componente linguístico abstracto que es culturalmente transmitido de generación a generación. Esto explica, según los investigadores, que exista un vínculo claro entre la religiosidad de un individuo y lo que le han enseñado sobre el tema previamente y, todo ello, controlado por el lóbulo temporal, responsable de las actividades discursivas y de memoria.

“Lo más destacable de nuestra investigación es que demuestra que la religiosidad se puede estudiar con las técnicas de neurociencia y compararse con los sistemas crebrales y neuronales que regulan otro tipo de creencias. Además, hemos visto que la fe y los pensamientos religiosos se adaptan a la evolución biológica de las funciones cognitivas”, declara a este periódico el especialista del Instituto de Trastornos Neurológicos de Bethesda (EEUU).

De teoría en teoría

Las bases biológicas de la religión han sido desde siempre objeto de un amplio debate en distintos campos, desde la antropología y la genética pasando por la cosmología. Las teorías psicológicas contemporáneas consideran que estas creencias son parte de un fenómeno cerebral complejo que emergió en la especie humana con el objetivo de ayudar a los individuos en sus relaciones sociales. Esto es lo que sostiene, por ejemplo, la extendida Teoría de la Mente.

En cuanto a las redes neuronales de la religiosidad, poco se sabía hasta ahora. Los primeros estudios al respecto se centraron en manifestaciones concretas de la fe relacionadas con ciertas patologías. Así, la hiperreligiosidad mostrada por algunos pacientes con epilepsia motivaron algunas hipótesis que relacionaban las creencias religiosas con las áreas cerebrales responsables de la enfermedad. Lo mismo ocurrió con otros trastornos. No obstante, ninguna de las teorías fue capaz de proponer una arquitectura psicológica y neuronal firme sobre las bases que subyacen a estas creencias.

“El objetivo de nuestro estudio era definir la estructura cerebral y el proceso cognitivo que está detrás de las creencias religiosas. Y con las técnicas de imagen hemos podido ver cuáles son estas regiones del cerebro concretas” afirma Jordan Grafman, que indica que “una vez identificadas estas regiones particulares tenemos una mayor capacidad para caracterizar los posibles cambios de comportamientos que puede experimentar una persona que se dañe dichas zonas”.

La frase incógnita (9) diciembre 19, 2008

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Adivinad sin recurrir a buscadores tipo Google quien dijo:

La manera de ver a través de la fe es abrir bien el ojo de la razón

[Hoax] Cuando la fe nubla la razón octubre 17, 2008

Posted by Manuel in ateismo, ciencia, creacionismo, diseño inteligente, divulgación científica, educación, escepticismo, historia de la ciencia, pseudociencia, religión, sociedad.
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Un periodista ingles, con una amplia cultura se traslada de Inglaterra hasta Nueva York. Este periodista fue Richard Adams Locke, un descendiente del filósofo John Locke. Después de una etapa como periodista de sucesos pasó a ser editor en jefe del New York Sun, uno de los principales periódicos de masas de la ciudad de Nueva York. Este periódico tenía como objetivo llegar a todas las capas sociales de la población y era vendido, no por suscripción, sino por chicos en la calle.

En la época en la que acontecieron los hechos, la astronomía era muy popular en esa ciudad. El cometa Halley sería visto en Septiembre de 1835, y ya en agosto se habían montado telescopios en los parques para observarlo. A pesar de que ya se conocía por parte de la ciencia la naturaleza de los cometas, éstos seguían siendo vistos por la mayoría de la población como una prueba del Creador. Además, los neoyorquinos estaban convencidos de que Dios había beneficiado por igual a todo el universo, con lo que se imaginaban a los planetas conocidos entonces como planetas habitados.

Richard A. Locke era crítico con las posturas fundamentalistas en religión, por lo que en el periódico que trabajaba encontró la plataforma adecuada para ejercer su pequeña jugarreta.

En agosto de 1835 Locke empezó una serie de artículos en los que describía descubrimientos efectuados por el astrónomo John Herschel. Este científico se encontraba en ese momento en Ciudad del Cabo estudiando los cielos del hemisferio Sur. Herschel se encontraba allí, en un lugar alejado, tanto que una comunicación con Nueva York llevaría en aquella época más de dos semanas. Por tanto quedaba a merced de un periodista con inventiva. El engaño de Locke se llevaría a cabo por completo antes de que el astrónomo pudiese conocerlo.

El primer artículo de Locke publicado en el Sun el 25 de agosto de 1835 describía de una forma detallada todos los maravillosos descubrimientos efectuados por el telescopio de Herschel. Describió la potencia del telescopio de tal magnitud que podía observar objetos de 18 pulgadas sobre la superficie de la Luna. En el segundo artículo describe la fauna que se podía observar en la Luna, tales como anfibios y otros animales acuáticos. Además precisó la presencia de mares y lagos en nuestro satélite. El bombazo llegó el 29 de agosto, cuando publicó la observación de vida inteligente en la Luna, incluyendo formas humanoides.

Los chicos que vendían los periódicos igual no leyeron los artículos, pero estaban encantados, ya que las ventas se habían incrementado notablemente. Todo el mundo quería saber qué vendría a continuación. Locke no los decepcionó, relató que tras unos ajustes en el telescopio, Herschel había sido capaz de observar templos religiosos en la Luna. El New York Times afirmó que lo descrito por Locke era probable y posible, mientras que el New Yorker escribió que “comenzaba una nueva era de la astronomía”. Muchos clérigos de USA consideraron la posibilidad de empezar a producir Biblias para la población de la Luna.

El plan trazado por Locke parecía cumplirse a la perfección: cualquiera podría darse cuenta que lo escrito era una fantasía, y los americanos se darían cuenta lo estúpido que es usar la astronomía para justificar sus creencias religiosas. Pero este periodista que creía conocer a la población de EEUU se equivocó. Cuando Locke reconoció que todo lo escrito era ficción, y el Sun publicó que Herschel no había hecho esos descubrimientos, la opinión de los neoyorquinos no varió un ápice. Éstos se mantenían firmes en sus creencias, seguían opinando que lo escrito por Locke era cierto (o al menos posible) y lo que es más irracional, anunciaron que en el futuro la ciencia demostraría lo narrado por Locke.

Referencias:

1. David Bodania (2008) How a hoax fooled the faithful. Nature (2008) 455:866-867.
2. The Moon Hoax