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El Vaticano hace autocrítica sobre el caso Galileo, 400 años después julio 3, 2009

Posted by Manuel in astronomia, ciencia, creacionismo, divulgación científica, escepticismo, historia de la ciencia, religión, sociedad.
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En un principio la iglesia católica fue literalista bíblica, y por ello no admitió el heliocentrismo. Con el paso del tiempo abandonó esta postura. Hoy otras confesiones cristianas siguen siendo literalistas, el tiempo volverá a poner a cada uno en su sitio
galileo
Tumba del científico en Florencia. | REUTERS.

El Mundo Digital

El prefecto del Archivo Secreto Vaticano, el obispo Sergio Pagano, afirmó que la Iglesia corre el riesgo de comportarse en temas como el de las células madre, la genética y los descubrimientos científicos con “los mismos prejuicios” que tuvo hacia Galileo, y ha pedido “prudencia”.

“El caso Galileo enseña a la ciencia a no presumir de maestra ante la Iglesia en materia de fe y Sagrada Escritura y enseña a la Iglesia a acercarse a los problemas científicos, entre ellos los relacionados con las investigaciones sobre células madre y genética con mucha humildad y prudencia”, afirmó Pagano.

“Pienso en células madre, en eugenesia, en la investigación en estos campos. A veces tengo la impresión de que se les condena por los mismos prejuicios que usaban en los tiempos de la teoría copernicana”, afirmó. El prelado insistió en que el proceso a Galileo “nos debe enseñar a todos a no cometer los mismos errores”. Pagano recordó que el origen del juicio contra Galileo Galilei (Pisa 1564-Florencia 1647) está en los malentendidos.

Según el prelado, con su “Diálogo sobre los principales sistemas del mundo”. Galileo “parecía que quería enseñar a los teólogos a interpretar la Biblia y al Papa cómo tener que ser un Papa. Galileo no conocía a la Curia, igual que ahora los científicos modernos no la conocen. En Roma (el Vaticano) las cosas llevan su tiempo”, subrayó Pagano. El prefecto del Archivo Secreto Vaticano hizo estas manifestaciones durante la presentación en el Vaticano de la nueva edición del libro que recoge las Actas del proceso de Galileo, “Los Documentos vaticanos del juicio a Galileo Galilei 1611-1741”, del que es autor.

Esta edición, que mejora la de 1984 escrita también por él, incluye 20 documentos nuevos sobre el juicio contra Galileo encontrados en los últimos años en los Archivos Vaticanos en los que aparecen identificados con nombre y apellidos las personas que se vieron implicadas y participaron en el proceso. Toda la documentación está basada en las actas originales del juicio y Pagano ha mantenido las mayúsculas y minúsculas de los textos, ya que, precisó, no es lo mismo cielo, tierra, sol y cosmos escritos de una manera u otra en este caso tan especial.

Rehabilitado por el Papa Juan Pablo II

Según el prelado, el “comportamiento” de los teólogos de la época “pudo haber sido más comprensivo y elástico” y Galileo también cometió algunos errores. “En una cultura dominada por la visión de Ptolomeo, la irrupción del sistema copernicano, que venía a contradecir sistemáticamente las Escrituras, entonces leídas sin interpretaciones, exigía de parte de Galileo un comportamiento menos apodíctico (irrefutable)”, afirmó el obispo en esa ocasión.

Galileo Galilei fue condenado por la Inquisición por haberse adherido a la teoría de Copérnico, que sostenía que era el Sol, y no la Tierra, el centro del Universo en contra de lo que se pensaba en su época. El juicio, desarrollado a partir de las denuncias del dominico Tommaso Caccini, en 1616, concluyó el 22 de junio de 1633, cuando fue obligado a abjurar de sus conocimientos.

El 31 de octubre de 1992, a los 350 años de su muerte, Juan Pablo II lo rehabilitó solemnemente y criticó los errores de los teólogos de la época que dieron pie a la condena, sin descalificar expresamente al tribunal que lo sentenció.

En un discurso de 13 páginas, leído en la Sala Regia del Palacio Apostólico, el Papa Wojtyla le calificó de “físico genial” y “creyente sincero”, “que se mostró más perspicaz en la interpretación de la Escritura que sus adversarios teólogos”.

El Vaticano honra a Galileo en el Año de la Astronomía enero 31, 2009

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El Mundo Digital

El Vaticano considera que tras la rehabilitación de Galileo Galilei por Juan Pablo II en 1992 los tiempos “están maduros” para una nueva revisión de su figura, “al que la Iglesia desea honrar”, ha declarado el arzobispo Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura.

Ravasi hizo esta afirmación durante la presentación en el Vaticano de las iniciativas previstas por la Santa Sede durante el Año de la Astronomía y el Congreso Internacional sobre la figura de Galileo Galilei (Pisa 1564-Florencia 1647), que se celebrará en Florencia (centro norte de Italia) del 26 al 30 de mayo próximos. El arzobispo Ravasi dijo que el Año de la Astronomía, convocado por las Naciones Unidas para conmemorar los 400 años de los primeros descubrimientos astronómicos, representa para la Santa Sede una importante ocasión de profundización y diálogo sobre la astronomía y la figura del astrónomo toscano.

“Galileo fue el primer hombre que miró con un telescopio hacia el cielo. Abrió para la humanidad un mundo hasta entonces poco conocido, ampliando los confines de nuestro conocimiento y obligando a releer el libro de la naturaleza bajo una nueva mirada. La Iglesia desea honrar la figura de Galileo, genial innovador e hijo de la Iglesia”, subrayó Ravasi. El prelado agregó que los “tiempos están maduros” para una revisión de la figura de Galileo y de todo el Caso Galilei y recordó que ya el Concilio Vaticano II en referencia al científico toscano “deploró ciertos comportamientos mentales, que no faltaron entre los cristianos, derivados de no darse cuenta suficientemente de la legítima autonomía de la ciencia”.

Ravasi recordó cuando en 1981 Juan Pablo II creó la comisión para examinar el Caso Galileo y subrayó “el coraje” de esa comisión de “reconocer los errores de los jueces de Galileo”, que, incapaces de separar la fe de una cosmología milenaria, creían que la aceptación de la revolución copernicana haría vacilar la tradición católica y por tanto era un deber prohibir esas enseñanzas. El prelado agregó que “por ese error subjetivo de juicio” Galileo “tuvo que sufrir mucho”.

Cursos y exposiciones

“Hoy, en un clima más sereno, podemos mirar a la figura de Galileo y reconocer al creyente que intentó en su tiempo conciliar los resultados de sus investigaciones científicas con los contenidos de la fe cristiana. Por ello, Galileo merece hoy todo nuestra aprecio y gratitud”, destacó Ravasi en su homenaje. Con motivo de estas conmemoraciones, el Vaticano planea reeditar las actas del proceso a Galileo Galilei para recordar que el papa Urbano VIII nunca firmó la condena de la Inquisición al científico italiano, según dijo recientemente Ravasi. Entre las iniciativas destaca el convenio que se celebrará el 26 de febrero en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma sobre “1609-2009. 400 años de ‘Sidereus Nuncius’ de Galileo”.

Del 26 al 30 de mayo se celebrará en Florencia el convenio internacional de estudios “El caso Galileo. Una relectura histórica, filosófica, teológica”, organizado por el Instituto Stensen de los Jesuitas. Del 21 al 26 de junio habrá un curso de estudios organizado por la Specola Vaticana (el Observatorio Vaticano) desde 1986 y durante todo el mes de octubre estará abierta en el Vaticano la exposición “Galileo 2009, Fascinación y fatiga de una nueva mirada sobre el mundo. A 400 años de la primera observación con telescopio”.
Del 15 de octubre al 5 de enero de 2010 se exhibirá en los Museos Vaticanos la exposición “Astrum 2009: el patrimonio histórico de la astronomía italiana de Galileo hasta hoy”, que incluirá libros, archivos e instrumentos procedentes de la Specola Vaticana y de los Museos Vaticanos, así como el manuscrito “Sidereus Nuncius”, de Galileo, conservado en la Biblioteca Nacional Central de Florencia.
Galileo Galilei fue condenado por la Inquisición por haberse adherido a la teoría de Copérnico, que sostenía que era el Sol, y no la Tierra, el centro del Universo en contra de lo que se pensaba en su época.
El 31 de octubre de 1992, a los 350 años de su muerte, Juan Pablo II lo rehabilitó solemnemente y criticó los errores de los teólogos de la época que dieron pié a tal condena, sin descalificar expresamente al tribunal que lo sentenció.
En un discurso de 13 páginas, leído en la Sala Regia del Palacio Apostólico, el Papa Wojtyla le calificó de “físico genial” y “creyente sincero”, “que se mostró más perspicaz en la interpretación de la Escritura que sus adversarios teólogos”.

La condena de Galileo, el destino que muchos desearon para Darwin (II) noviembre 25, 2008

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procesogalileo

Todas la grandes verdades empiezan como herejías
George Bernard Shaw

En la época de Galileo había tres sistemas astronómicos. Dos de ellos eran de carácter geocentristas, es decir, que situaban a la Tierra en el centro del Universo conocido. El primero es el geocentrismo de Aristóteles y Ptolomeo en el que los planetas y el Sol giran alrededor de la Tierra. El segundo era el geocentrismo del astrónomo protestante danés Tycho Brahe en el cual el Sol gira en torno a la Tierra y los planetas en torno al Sol. El otro sistema era el heliocéntrico de Copérnico en el que los planetas y la Tierra giran alrededor del Sol.

El sistema heliocéntico contradecía, al menos aparentemente, algunos pasajes de la Biblia, aunque parecía no afectar absolutamente nada al núcleo de la fe cristiana. Pero en la época de Galileo muchas personas creían que la Biblia había que interpretarla literalmente, por ello el heliocentrismo no parecía una idea muy acertada desde el punto de vista teológico (¿os suena?).

Textos bíblicos que contradecían el heliocentrismo: Jos 10, 12-13; 2Re 20, 9-11; Is 38, 7-8; Hab 3, 11; Sal 93, 1-2; Sal 104, 5; Ecl 1, 4-5

Lo que de verdad palpitaba en esta polémica, no era la verdad o no del sistema copernicano, sino quién podía decidir acerca de la verdad en lo referente acerca de los asuntos de la naturaleza; los científicos, en base de una rigurosa lectura del libro de la naturaleza, o los teólogos, en base de la interpretación de la Biblia. Como veis esta este es también uno de los temas centrales en la discusión creacionismo/evolución en este blog. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado con este argumento por parte de los literalistas bíblicos?. Parece no haber pasado el tiempo. Y es que visto en perspectiva su principal argumento se cae como arrastrado por la ley de la gravedad. Culpan a la ciencia de mostrar verdades parciales, ya que los científicos no se ponen de acuerdo y en ocasiones una teoría puede se invalidada y ser sustituida por otra. Pues bien, eso mismo ocurre con la teología. Esta disciplina está fundamentada en opiniones humanas y en interpretaciones de traducciones de traducciones, con lo que sus verdades también son mutables. Para muestra lo que viene a continuación.

La postura de Galileo era muy clara: la ciencia tenía derecho a decidir en cuestiones físico-naturales y lo mejor era no mezclar en asuntos científicos al texto bíblico. Pero no opinaban así muchos teólogos y Galileo tuvo que entrar en una discusión que nunca deseó. El libro de Copérnico a diferencia de otros libros heliocéntricos no fue incluído en el listado de libros prohibidos. Esto fue gracias a la opinión de los cardenales Bonifacio Caetani y Maffeo Barberini, que en contra de la opinión del papa Pablo V, consiguieron que el libro no fuese considerado herético sino simplemente falso y opuesto a la Biblia. Por ello fue expurgado y corregido en algunos pasajes.

En cuanto al caso Galileo, en el año 1616 un informe emitido por toda una serie de teólogos afirmaba que la inmovilidad del Sol era disparatada y contravenía el sentido literal de la Biblia. Respecto a la movilidad de la Tierra, el informa decía que era simplemente errónea. A Galileo en un primer momento se le conminó a hablar del heliocentrismo como una simple hipótesis puesto que no había pruebas científicas concluyentes (del geocentrismo tampoco, pero decir eso podía costarte muy caro en la época).

El proceso a Galileo se llevó a cabo en 1633 y ha sido ampliamente recogido en diversas biografías del científico italiano. Galileo fue condenado como “vehemente sospechoso” a arresto domiciliario de por vida.

La condena a Galileo, 16 de junio de 1633: El mencionado Galileo Galilei por los motivos antes mencionados, etc. el Sto. Padre ha decretado que ha ser interrogado sobre la acusación, amenazándoles incluso con la tortura; y, si la mantiene, previa una abjuración de la vehemente (sospecha de herejía) ante toda la congregación del Santo Oficio, ha de ser condenado a prisión según el arbitrio de la Sgda. Congregación, mandándosele, además, que en adelante no se ocupe en modo alguno, ni de palabra ni por escrito, de la movilidad de la Tierra ni de la estabilidad del Sol; o de lo contrario reincidiría en la pena. Y se le prohibirá el libro escrito por él, que lleva por título Diálogo de Galileo Galilei Linceo. Además, a fin de que todas estas cosas lleguen a conocimiento de todos, mandó que se envíen copias de la sentencia, que se dará más adelante, a todos los Nuncios Apostólicos y a todos los Inquisidores de la depravación herética, y sobre todo al Inquisidor de Florencia, quien leerá en público dicha sentencia a toda su Congregración, habiendo convocado también al máximo número posible de aquellos que enseñan matemáticas

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Galileo fue obligado a abjurar. Lo tuvo que hacer dos veces, para evitar la tortura. El texto que tuvo que leer decía.

“No sostengo ni he sostenido esta opinión de Copérnico después de que se me indicara que debía abandonarla; por lo demás, estoy aquí en vuestras manos, haced conmigo lo que os plazca”. Y posteriormente: “Estoy aquí para someterme, y no he sostenido esta opinión después de que se pronunciase la decisión, como he dicho antes”

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Un aspecto muy interesante, y que llamó menos la atención al Santo Oficio, fue la teología de Galileo, ésta quedó recogida en su carta a la princesa Cristina de Lorena. En ella Galileo expresaba que no puede haber contradicción entre la verdad de la ciencia y la verdad de la fe ya que Dios es el autor de toda la verdad. Una segunda idea no menos importante afirmaba que Dios tenía un propósito principal revelando la Sagrada Escritura que era la salvación del hombre y no, desde luego, la enseñanza de la naturaleza.

Hay que decir que Galileo contaba con evidencias científicas suficiente para mantener el sistema copernicano al nivel de teoría científica, no de hipótesis. Estas evidencias eran sobre todo las fases de Venus y el sistema planetario formado alrededor de Júpiter. Sin embargo la prueba definitiva no llegó hasta 1838, cuando Bessel logró medir lo que se conoce como paralaje de una estrella. Mucho antes, en 1741, el papa Benedicto XIV había concedido el imprimatur a la obra entera de Galileo. En el año 1992 Juan Pablo II finalizó un trabajo iniciado en concilio Vaticano II (1962-1965) al rehabilitar la figura de Galileo.

La obras de Galileo y de Darwin, quizás hayan sido las que más han revolucionado la posición del hombre en el cosmos, y ese es el principal motivo por el que se encontraron con un enfrentamiento tan enconado. Galileo popularizó la visión de Copérnico del mundo, situando a nuestro planeta como un simple punto en la inmensidad del espacio. No somos el centro del cosmos. Además, cambió radicalmente la forma de acercarse a conocer la naturaleza, variando la idea aristotélica del razonamiento por el de la experimentación. De esta forma Galileo revolucionó las ciencias al defender el método científico como método para entender el Universo. Darwin varió la posición de los humanos en la naturaleza. Somos una especie más entre los millones de especies que han habitado este planeta. Y somos consecuencia de una evolución biológica, a partir de organismos más simples. Como diría el astrónomo francés Camilla Falmmarion Los hombres…han tenido la vanidad de pretender que toda la creación se hizo para su disfrute, cuando en realidad toda la creación ni sospecha de su existencia. Por supuesto, la teoría de la evolución sufre los mismos ataques virulentos que en su época sufrió el heliocentrismo. Y por parte de las mismas personas, los literalistas bíblicos. Pero contamos con evidencias científicas suficientes para mostrar que la evolución es un hecho y desde el punto de visto teológico no es incompatible con la fe. Al igual que le ocurrió a Galileo, algún día Darwin tendrá que ser rehabilitado por aquellos que hoy lo deploran. De hecho tanto las Iglesias católica como anglicana han empezado ya a hacerlo.

Nota bibliográfica: mucha de la información aquí recogida pertenece a la obra “Galileo. La nueva física” escrita por José M. Vaquero. Ediciones Nivola. Es un libro muy interesante que recomiendo desde aquí, donde se recogen, además de la vida y el proceso a Galileo, los principales descubrimiento en el campo de las matemáticas y de la física, que el genio italiano llevó a cabo a lo largo de su vida.

La condena de Galileo, el destino que muchos desearon para Darwin (I) noviembre 24, 2008

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galileo

Cuanto más leo acerca de la figura del gran Galileo Galilei más similitudes encuentro entra la disputa geocentrismo/heliocentrismo o creacionismo/evolución, que se puede resumir en la vieja disputa fe/razón. Darwin se libró de la condena de Galileo porque nació en la Inglaterra victoriana que ya no enviaba pensadores ni científicos a la hoguera, aunque más de un fundamentalista religioso hubiese sido feliz si ese final hubiese sido asumido por el naturalista inglés. Los datos acerca de Galileo de este artículo han sido recogido fundamentalmente de la obra “Galileo: la nueva física”, escrita por José M. Vaquero de ediciones Nivola, así como otros datos recogidos de la wikipedia.

Galileo entró en la Universidad de Pisa a finales del verano de 1581 donde empezó a estudiar medicina. Allí aprendió la filosofía natural de Aristóteles, fisiología de Galeno, las ideas de Avicena, latín, griego y hebreo. Sin embargo, descubrió que lo más le gustaban eran las matemáticas, una disciplina considerada como de tercera fila en aquella época. A pesar de ello, y no sin problemas económicos, consiguió poco a poco hacerse un nombre en el área de las matemáticas y llegar a ganarse la vida como profesor.

En septiembre de 1604 le llegó una noticia que significó un hito en su carrera científica; un amigo suyo, el sacerdote Altobelli, le comunicó que había observado una estrella nueva en la constelación de Sagitario. Una nueva estrella en el cielo era un acontecimiento extraordinario. El estudio de la nueva estrella fue el primer trabajo astronómico verdaderamente serio de Galileo. Impartió tres conferencias sobre el tema en 1605 donde propuso nuevas ideas frente a las antiguas ideas aristotélicas, y publicó un folleto que llevó por título Dialógos sobre la nueva estrella.

En el año 1609, con ánimo de incrementar su salario, diseñó un telescopio que ofreció al ducado de Venecia. Este invento tendría una gran utilidad para el dominio naval de la flota veneciana. Pero un día Galileo decidió observar con su nuevo invento la Luna y quedó fascinado; vio montañas, grandes explanadas, valles, cráteres. Galileo realizó numerosos dibujos y tomó notas mucho más precisas de la orografía lunar.

Galileo siguió mirando los cielos con su telescopio. En enero de 1610 observó por vez primera Júpiter y en las semanas siguientes vio que este planeta poseía cuatro satélites. De esta forma, la vieja idea aristotélica de que todos los astros giraban alrededor de la Tierra se venía abajo y la teoría de Copérnico empezaba a hacerse más viable. Galileo fue consciente de la importancia de su descubrimiento, y describió éstos en la obra Sideru Nuncios. El libro fue un éxito, toda la comunidad científica quería mirar a través del telescopio de Galileo.

Posteriormente Galileo observó Saturno, y descubrió una especie de “asas” a los lados del planeta. Como no era capaz de encontrar una explicación a esta observación la describió en un escrito que guardó hasta que fuese capaz de interpretar esa observación. En el año 1611 Galileo decidió marchar a Roma en un viaje oficial, para enseñar sus descubrimientos a la Santa Sede. El entonces Papa, Pablo V lo recibió y le dio su bendición, lo que tranquilizó enormemente a Galileo, ya que tenía fama de tirano y excéntrico. Además, su principal consejero era el cardenal Bellarmino, un gran pensador de la época, pero inquisidor de Giordano Bruno, que murió en la hoguera. Precisamente Bellarmino pidió un informe a los matemáticos jesuitas del Colegio Romano. El informe de éstos venía a indicar que Galileo tenía razón. Aunque había dudas respecto al relieve de la Luna, no las tenían acerca de las lunas de Júpiter o de las fases de Venus, que también había observado.

Pese a los éxitos de Galileo, empezaron a aparecer algunas críticas a su obra. Algunas empezaban a ser peligrosas. Ludovico delle Colombe publicó un librito que ponía de manifiesto los errores teológicos de Galileo. En una gran parte, el libro de Colombe estaba compuesto de textos bíblicos que eran incompatibles con lo que Galileo había observado en el cielo gracias a su telescopio. Colombe pensaba que los cristales del telescopio provocaban ilusiones ópticas. Esto empezó a sembrar las dudas de numerosos miembros de la iglesia.

El 21 de diciembre de 1614, el dominico Tommaso Caccini leyó el texto bíblico que narra el milagro de Josué, en el que el Sol se detuvo en el cielo, y el texto bíblico del Libro de los Hechos de los Apósteles que dice: “Galileos, ¿qué hacéis mirando el cielo?”. Tras estas lecturas, acusó a Galileo de herejía ya que sus enseñanzas estaban en contra de lo que decía la sagrada escritura.

La sociedad florentina se polarizó entre los que apoyaban la nueva ciencia y los que apoyaban la fe tradicional (¿os suena). En general, Galileo era considerado en Florencia como un buen católico, pero a pesar de ello un padre dominico planteó el problema a la Inquisición. Pese a que Galileo se encontraba bastante envejecido, y enfermo, Galileo marchó a Roma en diciembre de 1615 a defender su posición. Un sacerdote carmelita llamado Paolo Antonio Foscarini publicó un libro que intentaba demostrar que la teoría de Copérnico y la nueva ciencia no estaban en contradicción con la Biblia, sin embargo este libro fue declarado herético y prohibido.

Aunque en un principio Galileo fue exculpado, once personas se reunieron para estudiar con más detalle el problema copernicano. Eran experto en teología y ninguno tenía conocimientos avanzados de matemáticas o de astronomía. Sus conclusiones fueron que la idea de que el Sol estaba en el centro del Universo era herética ya que contradecía el sentido de las sagradas escrituras. Y la idea de que la Tierra no fuese el centro del Universo contradecía la fe. Galileo fue advertido de que no debía enseñar, defender ni analizar la tesis copernicana. Si se oponía, sería encarcelado. El 5 de marzo de 1616 se publicó un decreto oficial del Vaticano en el que se declaraban las ideas de Copérnico como contrarias a las escrituras.

A principios de 1629 Galileo terminó su Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo su obra cumbre y uno de los libros más importante de la historia de la ciencia. El libro representa el diálogo entre tres interlocutores. El primero, Salviati, expone los razonamientos propios de Galileo; el segundo, Sagredo, es un hombre inteligente que hace preguntas agudas e ingeniosas y, que a menudo se deja convencer por los razonamientos de Salviati; el tercero, Simplicio, un tradicionalista que defiende las ideas aristotélicas. En un principio parecía que el libro no iba a presentar ningún problema ya que presentaba la teoría de Copérnico como una hipótesis matemática. La impresión del libro empezó en Florencia, aunque no disponía del imprimatur de Roma. Ésta envió un censor a Florencia y dictaminó que el libro no podía admitir el sistema copernicano y toda referencia a él debía de hacerse como si fuese una hipótesis. Estas modificaciones fueron introducidas por Galileo en la obra, y ésta fue devuelta a Roma para obtener su permiso. Sin embargo Roma llamó a Galileo a dar cuenta de sus ideas.

En ese momento el papa era Barberini, tras la muerte de sus antecesores Pablo V y Gregorio XV. Barberini se sentía traicionado, ya que se veía reflejado en el personaje Simplicio. Galileo, pese a su avanzada edad fue encarcelado, tras un proceso del que hablaré en la segunda parte de este artículo. Posteriormente se le permitió permutar la pena por un confinamiento en Siena. En esa etapa de confinamiento escribió Discurso sobre dos nuevas ciencias un libro poco polémico que contiene varias de la grandes teorías científicas por las que hoy conocemos a Galileo. Poco después Galileo quedó ciego y su salud fue deteriorándose hasta su muerte el 8 de enero de 1642.