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La condena de Galileo, el destino que muchos desearon para Darwin (I) noviembre 24, 2008

Posted by Manuel in astronomia, ciencia, creacionismo, divulgación científica, escepticismo, evolucion, historia de la ciencia, religión.
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galileo

Cuanto más leo acerca de la figura del gran Galileo Galilei más similitudes encuentro entra la disputa geocentrismo/heliocentrismo o creacionismo/evolución, que se puede resumir en la vieja disputa fe/razón. Darwin se libró de la condena de Galileo porque nació en la Inglaterra victoriana que ya no enviaba pensadores ni científicos a la hoguera, aunque más de un fundamentalista religioso hubiese sido feliz si ese final hubiese sido asumido por el naturalista inglés. Los datos acerca de Galileo de este artículo han sido recogido fundamentalmente de la obra “Galileo: la nueva física”, escrita por José M. Vaquero de ediciones Nivola, así como otros datos recogidos de la wikipedia.

Galileo entró en la Universidad de Pisa a finales del verano de 1581 donde empezó a estudiar medicina. Allí aprendió la filosofía natural de Aristóteles, fisiología de Galeno, las ideas de Avicena, latín, griego y hebreo. Sin embargo, descubrió que lo más le gustaban eran las matemáticas, una disciplina considerada como de tercera fila en aquella época. A pesar de ello, y no sin problemas económicos, consiguió poco a poco hacerse un nombre en el área de las matemáticas y llegar a ganarse la vida como profesor.

En septiembre de 1604 le llegó una noticia que significó un hito en su carrera científica; un amigo suyo, el sacerdote Altobelli, le comunicó que había observado una estrella nueva en la constelación de Sagitario. Una nueva estrella en el cielo era un acontecimiento extraordinario. El estudio de la nueva estrella fue el primer trabajo astronómico verdaderamente serio de Galileo. Impartió tres conferencias sobre el tema en 1605 donde propuso nuevas ideas frente a las antiguas ideas aristotélicas, y publicó un folleto que llevó por título Dialógos sobre la nueva estrella.

En el año 1609, con ánimo de incrementar su salario, diseñó un telescopio que ofreció al ducado de Venecia. Este invento tendría una gran utilidad para el dominio naval de la flota veneciana. Pero un día Galileo decidió observar con su nuevo invento la Luna y quedó fascinado; vio montañas, grandes explanadas, valles, cráteres. Galileo realizó numerosos dibujos y tomó notas mucho más precisas de la orografía lunar.

Galileo siguió mirando los cielos con su telescopio. En enero de 1610 observó por vez primera Júpiter y en las semanas siguientes vio que este planeta poseía cuatro satélites. De esta forma, la vieja idea aristotélica de que todos los astros giraban alrededor de la Tierra se venía abajo y la teoría de Copérnico empezaba a hacerse más viable. Galileo fue consciente de la importancia de su descubrimiento, y describió éstos en la obra Sideru Nuncios. El libro fue un éxito, toda la comunidad científica quería mirar a través del telescopio de Galileo.

Posteriormente Galileo observó Saturno, y descubrió una especie de “asas” a los lados del planeta. Como no era capaz de encontrar una explicación a esta observación la describió en un escrito que guardó hasta que fuese capaz de interpretar esa observación. En el año 1611 Galileo decidió marchar a Roma en un viaje oficial, para enseñar sus descubrimientos a la Santa Sede. El entonces Papa, Pablo V lo recibió y le dio su bendición, lo que tranquilizó enormemente a Galileo, ya que tenía fama de tirano y excéntrico. Además, su principal consejero era el cardenal Bellarmino, un gran pensador de la época, pero inquisidor de Giordano Bruno, que murió en la hoguera. Precisamente Bellarmino pidió un informe a los matemáticos jesuitas del Colegio Romano. El informe de éstos venía a indicar que Galileo tenía razón. Aunque había dudas respecto al relieve de la Luna, no las tenían acerca de las lunas de Júpiter o de las fases de Venus, que también había observado.

Pese a los éxitos de Galileo, empezaron a aparecer algunas críticas a su obra. Algunas empezaban a ser peligrosas. Ludovico delle Colombe publicó un librito que ponía de manifiesto los errores teológicos de Galileo. En una gran parte, el libro de Colombe estaba compuesto de textos bíblicos que eran incompatibles con lo que Galileo había observado en el cielo gracias a su telescopio. Colombe pensaba que los cristales del telescopio provocaban ilusiones ópticas. Esto empezó a sembrar las dudas de numerosos miembros de la iglesia.

El 21 de diciembre de 1614, el dominico Tommaso Caccini leyó el texto bíblico que narra el milagro de Josué, en el que el Sol se detuvo en el cielo, y el texto bíblico del Libro de los Hechos de los Apósteles que dice: “Galileos, ¿qué hacéis mirando el cielo?”. Tras estas lecturas, acusó a Galileo de herejía ya que sus enseñanzas estaban en contra de lo que decía la sagrada escritura.

La sociedad florentina se polarizó entre los que apoyaban la nueva ciencia y los que apoyaban la fe tradicional (¿os suena). En general, Galileo era considerado en Florencia como un buen católico, pero a pesar de ello un padre dominico planteó el problema a la Inquisición. Pese a que Galileo se encontraba bastante envejecido, y enfermo, Galileo marchó a Roma en diciembre de 1615 a defender su posición. Un sacerdote carmelita llamado Paolo Antonio Foscarini publicó un libro que intentaba demostrar que la teoría de Copérnico y la nueva ciencia no estaban en contradicción con la Biblia, sin embargo este libro fue declarado herético y prohibido.

Aunque en un principio Galileo fue exculpado, once personas se reunieron para estudiar con más detalle el problema copernicano. Eran experto en teología y ninguno tenía conocimientos avanzados de matemáticas o de astronomía. Sus conclusiones fueron que la idea de que el Sol estaba en el centro del Universo era herética ya que contradecía el sentido de las sagradas escrituras. Y la idea de que la Tierra no fuese el centro del Universo contradecía la fe. Galileo fue advertido de que no debía enseñar, defender ni analizar la tesis copernicana. Si se oponía, sería encarcelado. El 5 de marzo de 1616 se publicó un decreto oficial del Vaticano en el que se declaraban las ideas de Copérnico como contrarias a las escrituras.

A principios de 1629 Galileo terminó su Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo su obra cumbre y uno de los libros más importante de la historia de la ciencia. El libro representa el diálogo entre tres interlocutores. El primero, Salviati, expone los razonamientos propios de Galileo; el segundo, Sagredo, es un hombre inteligente que hace preguntas agudas e ingeniosas y, que a menudo se deja convencer por los razonamientos de Salviati; el tercero, Simplicio, un tradicionalista que defiende las ideas aristotélicas. En un principio parecía que el libro no iba a presentar ningún problema ya que presentaba la teoría de Copérnico como una hipótesis matemática. La impresión del libro empezó en Florencia, aunque no disponía del imprimatur de Roma. Ésta envió un censor a Florencia y dictaminó que el libro no podía admitir el sistema copernicano y toda referencia a él debía de hacerse como si fuese una hipótesis. Estas modificaciones fueron introducidas por Galileo en la obra, y ésta fue devuelta a Roma para obtener su permiso. Sin embargo Roma llamó a Galileo a dar cuenta de sus ideas.

En ese momento el papa era Barberini, tras la muerte de sus antecesores Pablo V y Gregorio XV. Barberini se sentía traicionado, ya que se veía reflejado en el personaje Simplicio. Galileo, pese a su avanzada edad fue encarcelado, tras un proceso del que hablaré en la segunda parte de este artículo. Posteriormente se le permitió permutar la pena por un confinamiento en Siena. En esa etapa de confinamiento escribió Discurso sobre dos nuevas ciencias un libro poco polémico que contiene varias de la grandes teorías científicas por las que hoy conocemos a Galileo. Poco después Galileo quedó ciego y su salud fue deteriorándose hasta su muerte el 8 de enero de 1642.

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