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Hallan fósiles del ancestro más antiguo del elefante junio 24, 2009

Posted by Manuel in biologia, ciencia, creacionismo, divulgación científica, evolucion, geología, paleontología.
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elefante
Foto: ‘Academia Nacional de Ciencias de EEUU, ‘PNAS’

El Mundo Digital

Los paleontólogos tienen la fina habilidad de identificar, aunque sea de una forma aproximada, especies animales a través de sus dientes. Es lo que ha ocurrido con unos nuevos molares hallados en Marruecos, que su descubridor, Emmanuel Gheerbrant, un asiduo ya en esos yacimientos (Sidi Chennane), ha descrito con soltura en el último número del ‘PNAS’ como los de un proboscídeo, grupo del que actualmente sólo queda un superviviente: el elefante, con sus tres especies.

Sin embargo, el registro fósil muestra que los proboscídeos fueron en su día un orden rico y muy diverso, cuyos ancestros más antiguos, los Phosphaterium, fueron datados en hace 55 millones de años. Ahora, el nuevo hallazgo de Eritherium azzouzorum, como ha sido bautizado el espécimen, suma cinco millones de años más a las raíces ancestrales del elefante.

Así, pues, se trata del proboscídeo más antiguo de los que se conocen, y también el más pequeño. Se cree que los mamíferos, en el origen de su radiación (hace 65-60 millones de años), tenían unos tamaños más bien pequeños.

La aparición de estos molares, junto con fragmentos de mandíbula y cráneo, obliga a recolocar en el mapa de la evolución -‘atrasándolo’ en cinco millones de años- el punto en el que se diversifican los ungulados, un superorden taxonómico que une evolutivamente a animales tan distintos como ballenas, manatíes, jirafas y caballos. Según explica a elmundo.es Pablo Páez, investigador científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), el hallazgo también permite a Gheerbrant, del Museo Nacional de Historia Natural de París (Francia), reforzar la teoría de que la separación y diversificación de los animales placentarios fue explosiva, es decir, ocurrida en muy poco tiempo. Dicha teoría sitúa tanto la separación entre los principales órdenes como la diversificación dentro de ellos en el evento K-T (Cretácico-Terciario, o más exactamente, Cretácico-Paleógeno), hace 65 millones de años.

Distintas teorías (como la de la ‘mecha larga’, que sitúa la separación entre órdenes de mamíferos en el mismo Cretácico, para diversificarse dentro de cada orden en el Cretácico-Paleógeno) coinciden en que la radiación de los mamíferos tuvo lugar a partir la extinción de los dinosaurios, los cuales, al desaparecer, dejaron nichos ecológicos vacíos que fueron rápidamente ocupados por los mamíferos, hasta entonces minoritarios.

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El minúsculo cerebro de un primate de 54 millones de años junio 23, 2009

Posted by Manuel in biologia, ciencia, creacionismo, diseño inteligente, divulgación científica, evolucion, geología, paleontología.
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primate
El paleontólogo Jonathan Bloch muestra el cráneo del primate y el modelo virtual del cerebro / Eric Zamora

ABC Digital

Es un cerebro tan minúsculo que mide poco más que la yema de un dedo. Pertenece a un primate primitivo, de la familia de los Plesiadapiformes, uno de los «primos» de nuestros antepasados más antiguos, que vivió hace la friolera de unos 54 millones de años. Tras analizar una calavera de uno de estos especímenes, científicos de la Universidad de Florida y de la Universidad de Winnipeg han conseguido reproducir las primeras imágenes en tres dimensiones de su cerebro y, con ello, deducir algunas de las características de estos compañeros de evolución. Para empezar, los investigadores descubrieron que el animal, llamado Ignacius graybullianus, dependía más del olfato que de la vista, y que ya era capaz de hacer muchas de las actividades que hacen los monos modernos, lo que abre la puerta a buen número de preguntas sobre cómo se produjo el desarrollo de los «cocos» de los primates.

Los científicos analizaron una calavera de Plesiadapiforme de 3,8 centímetros de longitud que fue encontrada prácticamente intacta, toda una suerte debido a su extrema antigüedad, ya que estos primates vivieron en la horquilla de diez millones de años entre la extinción de los dinosaurios y la aparición de los primeros ancestros humanos. Gracias a estos huesos, los investigadores pudieron realizar el primer «molde virtual» del cerebro de un primate primitivo, un modelo en tres dimensiones. Para ello, utilizaron tomografías computarizadas de 1.200 secciones transversales de imágenes de rayos X del cráneo.

De árbol en árbol

«La mayoría de las explicaciones de la evolución de los cerebros de los primates se basa en las especies que viven en la actualidad», explica la antropóloga de la Universidad de Winnipeg Mary Silcox, una forma de estudio que, a su juicio, ha llevado a deducciones «erróneas». El coautor del estudio, el paleontólogo Jonathan Bloch considera que los primates no siempre gozaron de un cerebro «privilegiado» que les diferenciaba de los demás mamíferos. «Al principio, no eran tan especiales -concluye- y eso ocurrió durante decenas de millones de años».

Ignacius, «un primo de la línea principal del linaje que finalmente ha dado lugar a nosotros», se parece a los primates modernos en su dieta y en que vivía en los árboles, pero no saltaba de árbol en árbol como sus familiares modernos. En muchos aspectos, el antiguo primate se comportaba como los actuales, pero con un cerebro que era de la mitad a dos tercios el tamaño del de los monos modernos más pequeños. Para los científicos, esto significa que vivir en los árboles o comer frutas pueden ser eliminados como las causas potenciales que provocaron el crecimiento del cerebro en los primates, ya que «Ignacius ya hacía todas esas cosas con su pequeño cerebro».

Para los investigadores, conocer las características del cerebro de Ignacius hace necesario un replanteamiento de cómo los primates evolucionaron hacia un cerebro más grande. Algunas hipótesis apuntan a la mayor importancia de la visión frente al olfato al pasar a una dieta fundamentalmente de frutas o al desarrollo de bosques más frondosos que permitía a estos animales realizar más saltos. Sin embargo, la respuesta requiere el descubrimiento y análisis de nuevos fósiles.
El estudio se publica en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Los mamíferos invaden la Gran Manzana mayo 18, 2009

Posted by Manuel in biologia, ciencia, creacionismo, diseño inteligente, divulgación científica, educación, evolucion, geología, paleontología.
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Quien dude de la existencia de “fósiles de transición” que se acerque a esta exposición

especie intermedia

El Mundo Digital

En la era de los dinosaurios, los mamíferos eran un puñado de animalillos asustadizos y esquivos, especialmente equipados para funcionar de noche, cuando los temibles depredadores dormían. «Hace 50 millones de años, tras la extinción de los grandes saurios, los mamíferos empezaron a crecer, a diversificarse y a adaptarse de una manera insospechada a las condiciones extremas de la naturaleza».

Las palabras del paleontólogo Michael Novacek son apenas un presagio de lo que nos espera en las penumbras del Museo de Historia Natural de Nueva York. Nada más cruzar el umbral que anuncia la llegada de los «mamíferos extremos», nos topamos con la mole del Indricotherium, a medio camino entre el rinoceronte y el elefante, pero cuatro veces más grande que éste.

El mayor mamífero terrestre del que se tiene noticia -estrictamente vegetariano, pese a sus 20 toneladas- llegó a vivir en los bosques de Asia central hasta hace unos 34 millones de años. Los humanos, que encajan también en el molde de extremos por su empeño en caminar sobre dos pies, pueden pasar tranquilamente bajo la panza de su pariente lejano sin bajar la cabeza.

En el Museo de Historia Natural se le puede tomar también la medida al Batonoides, el mamífero más minúsculo que jamás hubo sobre la faz de la Tierra, pero la tendencia natural es hacia lo grande, hasta llegar por supuesto a la ballena azul del Antártico (2.000 ejemplares quedan), 20 veces mayor que el Indricotherium y con una lengua que pesa cuatro toneladas.

Especies desaparecidas

La aventura de los mamíferos -vagamente unidos por el desarrollo del cerebro, la sangre caliente, el pelo en el cuerpo y la capacidad de producir leche- arranca más o menos hace 200 millones de años. El ornitorrinco y el koala, de la tribu de los marsupiales, son descendientes más o menos directos de ese tronco increíblemente diverso y con ramificaciones en tierra, mar y aire. Ahí están los primeros murciélagos, y las ballenas con patas, y el Repenomamus, posiblemente el primer mamífero del período Cretácico que se atrevió a hincar el diente a los dinosaurios más pequeños.

Veremos luego el esqueleto de un Uintaterium, con sus cuernos múltiples, extinguido hace 40 millones de años. Mucho más cercana, la ‘macrauchenia’ o cuello largo (una especie de llama gigante y con trompa), resucita al cabo de 10.000 años.

Al tigre de dientes de sable (Smilodon fatalis) ya le conocíamos por las películas, pero poco sabíamos hasta ahora de su temible pariente entre los marsupiales, el Thylacosmilus Atrox, o de ese extraño cruce entre armadillo y tanque, el Glyptodon, o del más voluminoso represetante de la familia de los perezosos, el Glossotherim myloides, que medía seis metros y llegaba a las 10 toneladas.

Australia, Madagascar o la paradisíaca isla de Ellesmere en el Ártico (antes de la última glaciación) encierran la clave de esa fascinante evolución de la que sólo quedan unos cuantos vestigios ante nuestros ojos. Hoy por hoy existen apenas 5.400 especies cercanas y el 99% de los mamíferos ya no están con nosotros.

El lobo de Tasmania, extinto en 1936 por el afán depredador del hombre, es tal vez el más trágico recordatorio. Al acecho, entre las especies amenazadas, nos despiden el lince ibérico, la marmota de Vancouver y el rinoceronte de Sumatra.

El eslabón perdido del origen de las focas abril 23, 2009

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foca
Reconstrucción de la Puijila darwini nadando en el lago de un cráter. / Mark A. Kilingler / Nature

El Mundo Digital

El eslabón perdido que Charles Darwin aventuró que había existido entre las foca, las morsas y los leones marinos ya ha aparecido. Se trata del Puijila darwini, una especie del Mioceno temprano, hace entre 20 y 24 millones de años, que pudo ser el antepasado de todos los pinnípedos.

Los fósiles de un esqueleto casi completo de esta nueva especie fueron localizados en una excavaciones realizadas en 2007 en lo que fue un lago de un cráter creado por el impacto de un meteorito, en la costa de la isla canadiense de Devon.

Al año siguiente se continuaron los trabajos y apareció la base del cráneo del animal, una estructura muy importante para determinar sus relaciones con otras especies. En total, se encontró cerca del 65% de los huesos del Puijila darwini.

Del análisis de los restos, publicado esta semana en la revista Nature se desprende que fue un mamífero carnívoro cuyo cuerpo tenía el aspecto del de una nutria, pero su cabeza era más similar a la de las focas. Sus patas eran como las de los mamíferos terrestres, si bien tenía los pies reticulados, adaptados para la natación.

“Es la primera evidencia fósil de que los pinnípedos primitivos vivieron en el Ártico. Este hallazgo apoya la hipótesis de que esta zona pudo ser el cnetro geográfico en la evolución de estas especies”, ha señalado la paleontóloga Natalia Rybczynski, del Museo de Historia Natural de Canadá, que ha liderado este trabajo junto con Mary Dawson, del Museo de Historia Natural de Carnegie.

Puijila significa mamífero joven en el lenguaje de los inuit (el inuktitut), mientras que el apellido darwini se le puso en honor de Darwin, que ya en el siglo XIX predijo que tenía que haber habido una transición de la tierra al agua de los animales semiacuáticos, como las focas o los leones marinos en su obra ‘El origen de las especies”.

“Un animal terrestre totalmente que de vez en cuando buscara alimento debajo del agua, en corrientes y lagos, pudo acabar convirtiéndose en un animal tan acuático que podía nadar en el océano abierto”, aventuraba el biólogo hace 150 años. Y así fue, según los fósiles del P. darwini. “El esqueleto que hemos encontrado tenía miembros pesados, que indica músculos bien desarrollados, y falanges aplanadas, que sugieren que sus pies tenían retícula. También poseía. una larga cola. Todo ello nos dice que podía caminar por tierra y nadar. Es la evidencia evoutiva que hemos buscado durante mucho tiempo”, reconoce Mary Dawson.

Origen en agua dulce

El lago donde se encontraron, según las evidencias paleobotánicas, tenía entonces un ambiente templado y costero, similar al que hay en New Jersey en la actualidad. Se supone que lo lagos de agua dulce se congelarían en invierno, por lo que el ancestro de las focas y las morsas debía viajar hasta el mar para buscar comida. En otras palabras, tuvieron que pasar un periodo de transición desde las aguas dulces a las saladas.

En el mismo lugar también se encontraron fósiles de peces de agua dulce, de un pájaro y de cuatro mamíferos: una musaraña, un conejo, un rinoceronte y un pequeño herbívoro de piernas cortas, antepasado de las jirafas y de los ciervos.

Una réplica de cómo era el esqueleto del Puijila darwini será incluido en una exposición sobre ‘Mamíferos extremos’ que podrá vese a patir del 16 de mayor en el Museo de Historia Natural Americana, en Nueva York.