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Descubren en Rusia esculturas del Paleolítico fabricadas con colmillos de mamut diciembre 3, 2008

Posted by Manuel in ciencia, divulgación científica, evolucion, paleontología, sociedad.
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DANIEL UTRILLA- El Mundo Digital

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Bisonte tallado con colmillos de mamut en el Paleolítico hallado en Rusia. (Foto: Hizri Amirjanov)

Si Dios creó a Eva de una costilla de Adán, los cazadores de la Rusia paleolítica creaban figuras femeninas a partir de colmillos de mamut. Hace 20.000 años Rusia occidental era un paraíso terrenal poblado por mamuts y bisontes que constituían la dieta principal de los cazadores de la llamada cultura Konstenki-Avdeevo del paleolítico superior.
En lo que va de década los arqueólogos rusos Hizri Amirjanov y Serguei Lev han encontrado en el yacimiento de Zaraysk, 155 kilómetros al sureste de Moscú, dos figuritas de mujer, un bisonte con las patas rotas y otros objetos cónicos tallados a partir de colmillos de mamut que conforman un raro y preciado tesoro para poder entender la dimensión artística y espiritual de nuestros antepasados.

La revista Antiquity acaba de publicar estos hallazgos realizados en los últimos años en el yacimiento de Zaraysk, una caja de sorpresas de la paleontología rusa destapada en 1980 donde se acumulan restos de una antigüedad de entre 22.000 y 16.000 años. El tallado de colmillos de mamut se halla en las encías mismas del arte prehistórico. «El significado del hallazgo reside en su rareza. No se trata de herramientas, que los arqueólogos encuentran a menudo en yacimientos de este tipo, si no de la manifestación de una cultura espiritual. Se trata de una de las primeras manifestaciones de arte creativo en este territorio y de un ejemplo de la imagen estética de nuestros antepasados», explica a elmundo.es Hizri Amirjanov, jefe del departamento de Edad de Piedra del Instituto de Arqueología de la Academia de las Ciencias de Rusia.
La mayor parte de los objetos están tallados en marfil de colmillo de mamut, materia prima que obtenían de sus trofeos de caza o bien de restos de ejemplares muertos. Los investigadores llaman la atención sobre el hallazgo de numerosos huesos de crías de mamut, prueba de que la caza se centraba en las presas más vulnerables.

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Figura de mujer fabricada hace entre 16.000 y 20.000 años. (Foto: Hizri Amirjanov)

El hallazgo de las dos venus de Zaraysk (una de 17 centímetros y otra inacabada de mayor tamaño) reabre el debate sobre si estas figurillas rechonchas (que se hallan diseminadas desde Siberia hasta España) simbolizan el culto a la fertilidad o son objetos votivos, juguetes o adornos. En los años 30 fueron halladas varias venus muy expresivas en la región de Voronezh, que se unieron a la colección extendida desde Europa del sur hasta los Urales.

La omnipresencia de estas venus paleolíticas (que cuenta con raros ejemplares incluso en Siberia) es para Amirjanov una manifestación de la primigenia unidad europea. «Yo diría que estas figuritas son el marcador de la unidad cultural de Europa en tiempos remotos. De Gaulle marcaba las fronteras de Europa desde el Atlántico hasta los Urales, pero la vida ya marcó esta frontera mucho tiempo atrás, hace 20.000 años», asegura.
La joya del descubrimiento es un bisonte también de marfil de mamut cuyo uso como objeto religioso ha sido documentado por los arqueólogos. Amirjanov explica que la figura era utilizada como totem en rituales mágicos anticipatorios antes de la cacería: primero imitaban la caza de la estatuilla, le rompían las patas, le pintaban el pecho con alguna pintura y luego organizaban funerales. «Excavaron una fosa de 60 centímetros de diametro y 80 de profundidad, en cuyo fondo construyeron un pequeño podio en el cual colocaron la estatua y después la cubrieron con tierra», explica el arqueólogo.
En la feria para millonarios que se celebró el pasado fin de semana en Moscú había curiosos ajedreces con piezas de marfil de mamut. Salvando las distancias y los milenios, quizá sea el mismo instinto primitivo de la propiedad lo que mueve hoy al oligarca ruso a pagar hasta 150.000 euros por estas joyas únicas que sus antepasados fabricaban hace 20.000 años.

Secuenciado por primera vez el genoma de un animal extinguido: el mamut noviembre 19, 2008

Posted by Manuel in biologia, ciencia, creacionismo, divulgación científica, evolucion, geología, paleontología.
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Recreación artística de un mamut con la doble hélice del ADN. (Foto: Penn State University)

MIGUEL G. CORRAL- El Mundo Digital

No todas las noticias científicas arrancan de una ocurrencia genial o de una pizarra repleta de fórmulas indescifrables. La historia de la primera obtención del genoma de un animal extinguido comenzó con el hallazgo de un mamut congelado en algún lugar de la Siberia más septentrional. Y ha finalizado hoy con la publicación en la revista Nature de la secuenciación del material genético (ADN nuclear) del mamut lanudo, un animal que se extinguió hace más de 3.500 años.

Hace pocos días que falleció Michael Crichton, el autor del libro de ciencia ficción ‘Parque jurásico’, y parece inevitable que la investigación nos traiga a la cabeza al escritor. En la célebre novela, como también en la adaptación cinematográfica que dirigió Stephen Spielberg, el ADN procedía de la sangre que albergaba un mosquito fosilizado en ámbar tras picar a un dinosaurio. En el caso real del genoma del mamut, la clave ha estado en los restos de pelo del animal, una magnífica fuente de material genético.

La investigación abre la puerta a la posibilidad de rescatar de la extinción al mamut lanudo. Sin embargo, queda aún muy lejos para la Ciencia actual. Stephan C. Schuster, uno de los autores principales de la investigación, mencionó a elmundo.es los posibles avances que puede traer consigo la última revolución protagonizada por Craig Venter tras crear por primera vez un cromosoma totalmente sintético. «Alguien como Venter puede desarrollar una forma rápida de transformar el genoma del mamut que nosotros tenemos en el ordenador en cromosomas completos». Ese sería el primer paso. Después también habría que averiguar cuántos cromosomas tenía (aunque sean parientes, no son necesariamente los mismos que los del elefante, como demuestra el hecho de que el chimpancé tiene un par de cromosomas más que el ser humano) y albergarlos en un óvulo que pudiera llevarlo a cabo. Por el momento, tan sólo ciencia ficción.

«Una secuencia genética no hace a un organismo vivo», afirma Jeremy Austin, director del Centro de ADN Antiguo de la Universidad de Adelaida (Australia), «tenemos una secuencia parcial del genoma del mamut y con un número considerable de errores, sería como tratar de construir un coche con el 80% de las piezas y sabiendo que algunas están rotas». La apreciación de Austin es muy acertada, ya que la investigación ha descifrado de forma completa entre el 70 y el 80% del genoma del mamut. «Nosotros alineamos las secuencias que teníamos con la parte disponible del genoma del elefante africano (Loxodonta africana), de esa forma sabíamos dónde colocar cada pieza de la secuencia», cuenta Schuster. Debido a la enorme similitud entre los genomas de los diferentes vertebrados cuya carga genética ya se conoce –entre ellos el ser humano–, los fragmentos ausentes han sido deducidos por comparación con otros organismos.
El procedimiento empleado por los investigadores es algo diferente del empleado en el Proyecto Genoma Humano. Casi cualquier muestra biológica está de alguna forma contaminada por bacterias, hongos u otro tipo de microorganismos, aunque haya permanecido congelada a 20 grados bajo cero durante alrededor de 20.000 años, como lo estuvo la muestra principal utilizada en el trabajo. Sin embargo, esto no fue un problema para los científicos. La técnica utilizada permite obtener un extracto de todo el ADN presente en el pelo del mamut, romperlo en pedazos y separar después, mediante un proceso informático, el perteneciente al animal del Pleistoceno de aquel procedente de otros organismos microscópicos.

Una vez separado, llega el momento de ordenar el material genético perteneciente al mamut. Para ello, se usa el genoma del elefante como patrón, lo que permite averiguar, como se ha comentado más arriba, que la muestra contiene entre un 70 y un 80% del genoma completo. El resto se infiere mediante complejos procedimientos comparativos.
La divergencia entre la carga genética del mamut y del elefante es la mitad que la que existe entre el chimpancé y el ser humano, lo que ha permitido conocer la distancia evolutiva que separa al mamut de su pariente vivo más cercano. Según los propios autores, ambos grupos han permanecido separados y evolucionando por caminos diferentes durante más de 1,5 millones de años. Una distancia evolutiva que quizá haga imposible que se alcance el sueño de revivir al mamut lanudo después de milenios de extinción.

Mamut a la brasa octubre 16, 2008

Posted by Gonn in biologia, ciencia, creacionismo, diseño inteligente, divulgación científica, evolucion, geología, historia de la ciencia, paleontología.
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Aunque últimamente, con esto de escribir la tesis, no estoy muy activo por estos lares, me animo a escribir y compartir este artículo sobre una historia que recién he leído en el libro que actualmente tengo entre manos: “El collar del Neandertal”, del excelente científico y divulgador Juan Luis Arsuaga (y lo digo de primera mano porque fue mi profesor en una asignatura durante la carrera).
Pues bien, en el capítulo 5, Arsuaga se explaya acerca de los principales animales que convivieron con el Homo sapiens y el Homo neandertalensis, a través de los fósiles que han llegado hasta nuestros días.
En las primeras páginas cuenta la conocida aventura del mamut de Beresowka, que él a su vez extrae del libro escrito (y publicado en 1902) por uno de los protagonistas de la historia, Otto Hertz (zoólogo). Otto, junto a sus dos subordinados D. P. Sewastianoff (estudiante de geología) y D. P. Pfizenmayer (taxidermista), parten desde Irkutsk hacia el río Beresowka, subvencionados por la Academia Imperial de Ciencias de San Petersburgo donde trabajan, con el objetivo de trasladar un mamut congelado, cuyo cuerpo había sido encontrado el año anterior. El equipo también contaba con dos cosacos y tres guías. Tras recorrer cerca de 6000 km entre trayectos a caballo y a pie (y descontando trayectos en barco y tren), con temperaturas que podían alcanzar los -50º C, y perder uno de los guías al ahogarse en uno de los helados ríos que cruzaron, lograron llegar hasta el cuerpo del mamut. Sin embargo, sus problemas no habían hecho más que empezar pues el cuerpo del mamut pesaba cerca de 2000 kg (luego se pudo determinar de forma exacta: 1638 kg), lo que dificultaba enormemente su transporte. Finalmente optaron por trocear el cuerpo del mamut y así repartir el peso en diferentes trineos. Además, era necesario evitar que se descongelara durante el viaje de vuelta a Irkutsk, por lo que decidieron viajar día y noche. Si tenemos en cuenta que toda esta aventura tuvo lugar en pleno mes diciembre, podemos hacernos una idea de la magnitud de la proeza. Finalmente, la expedción logra llegar a Irkutsk, desde donde se trasladan rápidamente hasta San Petersburgo en tren. A pesar de que durante el trayecto el mamut comenzó a pudrirse, se pudo disecar con éxito, para ser expuesto en el Museo Zoológico de San Petersburgo, donde puede contemplarse en la actualidad.

Sin embargo, estos científicos parece ser que decidieron comenzar su labor de investigación bastante antes de regresar a sus laboratorios. Durante el épico transporte, uno de ellos (no se especifica quién) decidió probar la carne del mamut sazonada adecuadamente, con el fin de determinar si era comestible. El escaso tiempo que, al parecer, duró el bocado en su estómago despejó todo tipo de dudas al respecto. No obstante, esta no ha sido la única “barbacoa prehistórica”. En 1976 fue hallado un bisonte congelado en Alaska, que fue bautizado con el nombre de Blue Babe por el color azulado de su piel. En este caso, fue el paleontólogo Björn Kurtén quien tuvo el placer de degustar un estofado con carne de Blue Babe, y en este caso, según afirma él, con éxito, ya que la carne debajo de la piel azul parecía encontrarse bastante fresca y presentaba un sabor agradable.

Con este tipo de hallazgos cabe preguntarse cómo es posible que se formen este tipo de fósiles, en los cuales podemos encontrar incluso restos bastante bien conservados de piel, carne o vísceras, a pesar de los miles de años transcurridos desde su muerte. Al contrario de lo que pudiera pensarse, estos mamuts, renos o bisontes congelados no son encontrados en el interior de bloques de hielo, como si fueran cubitos de hielo gigantes con una sorpresa en el interior, sino que se conservan enterrados en lo que se denomina permafrost, que viene a ser el suelo que permanece permanentemente congelado en la superficie de las regiones frías. Es necesario que dicho suelo sea excavado, de forma natural (erosión) o artificial (ser humano), para poder descubrir estas reliquias. El proceso de fosilización se podría explicar de la siguiente manera: nuestro querido mamut muere por la razón que sea y termina sus días en una zona de sombra, donde no suele dar el Sol. Su cuerpo comienza a momificarse de forma natural por efecto del frío, con lo que se evitan los procesos de descomposición. Posteriormente, debido al calor del Sol del verano, es posible que se fundiera el hielo de las capas más superficiales del permafrost lo que daría lugar a un inevitable encharcamiento, ya que el agua es incapaz de atravesar las impermeables capas más profundas del permafrost que permanecen congeladas. El consecuente ablandamiento del suelo daría lugar a que el cadáver del mamut quedase semienterrado. Si multiplicamos este proceso por cada verano que ha pasado desde ese momento (hace miles de años) no cuesta imaginarse cómo terminó nuestro mamut totalmente sepultado, congelado y en un excelente estado de conservación, llegando así hasta nuestros días.

En este estado han sido encontrados varios mamuts a lo largo de la historia de la paleontología. Sin embargo, dada la inmensa extensión que abarca Siberia, que es donde existen más posibilidades de encontrar mamuts en estas condiciones, ¿cuántos mamuts pueden quedar por ahí congelados, esperando ser encontrados?

Referencias:
Arsuaga, Juan Luis (1999): El collar del Neandertal. Ediciones Temas de Hoy, S.A. (T.H.)