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Una reciente publicación sugiere la presencia de una complejidad mayor de la esperada antes de la “explosión cámbrica” noviembre 16, 2009

Posted by Manuel in biologia, creacionismo, divulgación científica, geología, origen de la vida.
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embriones

Cada semana aparecen nuevas publicaciones mostrando como la riqueza de organismos en épocas anteriores al Cámbrico (hace unos 542 millones de años) era mucho más diversa de lo que un principio se pensaba. Esta semana en la revista PNAS se muestra el descubrimiento y análisis de embriones precámbricos fosilizados. Estos embriones pertenecen a la época Ediacárica del Precámbrico y han sido encontrados en la formación Doushantuo, en China, con una antigüedad de unos 580-600 millones de años. La época Ediacárica es aquella en la que aparecen los primeros metazoos y la formación Doushantuo es una regiones más ricas del planeta donde encontrar fósiles de calidad. Seguir leyendoAQUÍ

Piden protección para el yacimiento de Constantina, la Capilla Sixtina de los fósiles junio 5, 2009

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constantina
El profesor de la Universidad de Huelva, Eduardo Mayoral, muestra un fósil de medusa en el yacimiento de Constantina (Sevilla)

EFE

Investigadores del yacimiento de Constantina (Sevilla), casi desconocido pero considerado único en el mundo por la cantidad, calidad y antigüedad de sus fósiles, reclaman que se proteja cuanto antes esta Capilla Sixtina de la Paleontología, datada hace 550 millones de años.

El profesor de Geodinámica y Paleontología de la Universidad de Huelva Eduardo Mayoral, que coordina las investigaciones que desde 1990 se realizan en este yacimiento, ha subrayado que este hallazgo es “único” en Europa y comparable con los dos más importantes del mundo en su género, localizados en China y en Estados Unidos.

Este yacimiento concentra en una superficie pétrea de 120 metros cuadrados y con una inclinación de más de 20 grados noventa fósiles de medusas, alguno de hasta 88 centímetros de diámetro, de una gran calidad y con una antigüedad datada en el Cámbrico inferior, hace unos 550 millones de años, cuando esta zona estaba sumergida en el mar.

Mayoral ha subrayado que estas impresiones de medusas, similares al género actual Aequorea, “son muy raras” en los yacimientos conocidos hasta ahora en el mundo, dada “la gran dificultad” de su fosilización y representarían “una de las primeras huellas de la presencia de la vida” en la Península Ibérica.

Ha advertido de que este yacimiento está cubierto de líquenes y expuesto a las escorrentías de lluvia, lo que unido a las fracturas de la piedra supone un elevado riesgo de destrucción y deterioro de sus valiosos ejemplares de fósiles.

Negociación con los propietarios

Por ello, confía en que fructifique pronto la negociación entre la propiedad de esta finca, denominada “El Revuelo” y ubicada en el parque natural Sierra Norte de Sevilla, y la Junta de Andalucía, no sólo para proteger esta joya paleontológica, sino para impulsar su divulgación científica y turística.

La gran cantidad y calidad de estos fósiles explica que cuando el yacimiento fue descubierto por lugareños de esta abrupta zona, a final del pasado siglo, lo denominaran la Piedra Escrita de Constantina, por su convencimiento de que las marcas circulares de la superficie rocosa eran petroglifos, es decir, señales y símbolos grabados por hombres primitivos.

De hecho, la Piedra Escrita fue asociada con culturas ancestrales o con fenómenos paranormales hasta que, en junio de 1990, la primera visita del profesor Mayoral permitió reconocer estas huellas como fósiles de animales tipo medusoide y valorar el enorme interés científico del yacimiento.

Para este paleontólogo, la calidad y cantidad de fósiles de medusas de este yacimiento se explica porque, tras una mortalidad en masa, los cuerpos de medusas quedaron rápidamente enterradas sobre una playa, en aguas muy someras y tras un episodio tormentoso.

Las moléculas del animal más antiguo de la Tierra febrero 5, 2009

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precambrico
Estrato en el que hallaron las evidencias del animal más antiguo. Nature

El Mundo Digital

Los primeros animales que habitaron la Tierra no tenían huesos ni conchas. Por lo que se sabe hasta la fecha eran un grupo de especies de esponjas marinas, enmarcadas dentro de la conocida como fauna de Ediacara (en honor al primer yacimiento de estos organismos que se descubrió en las colinas del mismo nombre, en Australia) y pertenecientes a las extintas Demosponjas. Al contrario que las especies actuales, ni siquiera tenían los esqueletos minerales, o espículas, cuyas espectaculares formas geométricas han hecho célebres a estos animales.

Por todo ello, acceder al registro fósil de estas formas de vida se antoja más complicado que el simple encuentro de unos huesos fosilizados. Hasta ahora los científicos situaban la aparición del que es el animal más antiguo hace 365 millones de años, después de una gran glaciación que da nombre al periodo Criogénico, en el Precámbrico. Una original investigación, publicada hoy en Nature y liderada por el científico de la Universidad de California Gordon D. Love, ha demostrado la presencia de estos animales antes del final del citado periodo glacial.

«Las aguas poco profundas de las plataformas continentales de algunos océanos durante el final del Criogénico contenían suficiente oxígeno disuelto como para albergar metazoos [animales pluricelulares] 100 millones de años antes de la gran explosión de vida del Cámbrico», asegura Love en el trabajo.

Debido a la ausencia de fósiles, los investigadores tuvieron que rastrear en una secuencia de estratos sedimentarios, situada en Omán y especialmente bien conservada, unas moléculas derivadas de las membranas celulares de los seres vivos que permiten distinguir y clasificar el organismo del que proceden. Lo que encontraron fueron diferentes concentraciones de un esteroide con 30 átomos de carbono.

«La única fuente conocida de estos biomarcadores son las Demosponjas», señala Jochen J. Brocks, de la Universidad Nacional de Australia. Los científicos señalan la posibilidad de que la alimentación de estas esponjas pudieran afectar al ciclo de carbono marino lo suficiente como para dejar huella en el registro biogeoquímico del mar. «La identificación de todas estas señales promete revelar la aparición de nuestros ancestros animales más antiguos», apunta Brocks.